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CUENTOS CORTOS

VALIO MADRES

Funeral gathering around casket, portrait labeled Carmen Hernández, and Spanish memorial ribbons.
Family and friends gather in remembrance around Carmen Hernández’s flower-filled
casket.

AUDIO

Pues heme aquí papaloteando desde lo alto de la sala. Ahí está mi cuerpo, la foto que eligieron y colocaron sobre un atril y las flores con lazos que no alcanzo a leer. Supongo que no tardaré en mirar la resplandeciente luz, el túnel y a quienes me esperan al otro lado.

Estoy tranquila y me emociono al ver llegar a todos los amigos, incluso a los perdidos d.p. (después de la pandemia) y por supuesto también a los primos que aunque bastante maltrechos se animaron a venir. Entonces veo a Lety acercarse, parece que dirá algo a los presentes (yo incluida). Me preocupa que vaya a improvisar con alguna impertinencia porque mi prima es así de imprudente. Pero la veo que abre su bolsa y pienso que quizá ha tenido el buen detalle de escribir algunas palabras que estarán en la nota busca ahora, si es así que ¡buena onda lety! -pienso para mis adentros- cuando veo que lo que se trae entre manos es ¡mi diario! ¡cómo es eso posible!. Y tan pancha carraspea y dice a todos:

–He encontrado el diario de mi querida prima que tanto le gustaba escribir y pensé que leer a saltos entre sus memorias sería una linda manera de despedirla.

Y en el intento de bajar, mover mis manos para arrebatárselo o al menos lograr deshojarlo siento que me entra un sofocón, como esos bochornos que parecía que te hubieran tirado un cerillo encima y te prendieras de golpe, porque en esa libreta no solo me he confesado yo, sino también muchas de las confidencias que juré guardarme para siempre. Nunca pensé en la posibilidad de un accidente que dejaría todo expuesto.

Siento que me muero, pero ahora de vergüenza.

Y como suele pasar encuentra justo las páginas que menos debía leer, y empiezan a sucederse las mentadas de madre, las bofetadas y uno que otro madrazo que provocan que la sala se llene de gente metiche que por morbo ya abandonó a su difunto de al lado.

Dios mío ¡quiero desaparecer! Y al instante sobre mí se abre una cálida e intensa luz. Justo a tiempo -pienso- porque este funeral ya valió madres.

Tere Hergom

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