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CRECIMIENTO EN CONCIENCIA

LA ILUSIÓN PERSISTENTE

Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo (Mario Benedetti)

Photo by Fernando Paleta on Pexels.com

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Creemos que el tiempo cura las heridas como cuando un asunto legal prescribe, pero no sucede así. Si miramos la calle desde el mismo balcón difícilmente veremos algo distinto.

Einstein decía que «la distinción entre pasado, presente y futuro es sólo una ilusión obstinadamente persistente”.

Vivimos con un pasado que creemos que es «una una piedra pesada que nos empuja hacia atrás», pero no es algo que quedó atrás. Es la forma que tiene la realidad de manifestarse en la memoria ahora.

Sentimos que el futuro es un «un vacío incierto hacia el que vamos», pero es la forma que tiene la realidad de proyectarse ahora.

Si el pasado da la estructura y los filtros con que se interpreta lo que nos rodea, y el futuro la dirección y los objetivos que guían nuestros pasos, el presente es su punto de encuentro, donde el pasado se recuerda y el futuro se imagina.

Pero el futuro tira de nosotros con tanta fuerza como creemos que el pasado nos empuja.

No vivimos en un presente continuo como creemos sino en un desfase. Nuestra conciencia procesa un pasado inmediato para poder construir la “sensación de ahora” mientras la mente proyecta constantemente el segundo siguiente. La experiencia consciente de “este momento” es en realidad una reconstrucción, en tiempo real, de lo que ocurrió hace una fracción de segundo.

El presente entonces no es una medida de tiempo, no es un segundo, ni una hora, es el escenario en el que el cuerpo físico reacciona al pasado inmediato, y la mente, que habita casi siempre en el futuro, lo imagina. La conciencia pura es la plataforma donde todo eso se encuentra.

Tienes el poder de cambiar el tiempo. Tú eres el tiempo. Tu nivel de conciencia presente es lo que está determinando tu pasado y por tanto tu futuro.

Si nos miramos como un procesador de alimentos “los ingredientes” que entran al procesador son los mismos para todos: pérdida de empleo, tráfico caótico, una palabra hiriente, un recuerdo de la infancia… porque en sí mismo los datos del universo son neutros, sólo materia, energía e información flotando en el espacio tiempo.

Si el procesador es básico, machaca los ingredientes siempre de la misma forma, mezcla el pasado y el futuro de forma caótica. Y, si entra un ingrediente sorpresa como una crítica, ese procesador lo vincula instantáneamente con una herida del pasado y lo convierte en un platillo de ansiedad, difícil de digerir. Pero un procesador de Alta gama o de atención plena, tiene precisión en el corte, es decir “discernimiento”, para separar el hecho crudo de la historia mental; controla la velocidad y la temperatura, entendidas como “regulación emocional” no se sobre calientan ni destruyen los nutrientes, sino que abre un espacio para digerir la experiencia sin reaccionar de golpe. De ello resulta un platillo equilibrado, nutricional y de buen sabor, es decir de paz interior, aprendizaje y resiliencia.

El procesador no es otra cosa que la conciencia en su estado actual.

La existencia se despliega a través de ti, tú eres el lente por el que el universo se experimenta a sí mismo. El presente es la consola de edición y tú eres el proyector que decide qué luz emitir y qué historia iluminar en este segundo.

Esto explica las diferentes maneras de percibir un mismo suceso o la variedad de experiencias ante situaciones similares, como las alternativas elegidas para sanar. Ninguna de ellas actúan en el vacío sino en el procesador: la conciencia que la recibe.

Ahí está el efecto placebo que al confiar genuinamente el cerebro libera dopamina, endorfinas y reduce la respuesta de estrés. La creencia en la efectividad altera la química corporal y ayuda a la sanación real. En el lado opuesto está el efecto nocebo cuándo la conciencia percibe con desconfianza, cinismo o miedo, el sistema nervioso se pone a la defensiva, libera cortisol y bloquea los efectos beneficos del tratamiento. La herramienta es la misma lo que cambia es la disposición del procesador. No es la herramienta sino el estado actual de nuestra conciencia.

Nada acontece a nuestro alrededor por casualidad, siempre provoca una respuesta de nuestra parte. Y ahí está lo enriquecedor del encuentro con otras personas y diferentes perspectivas que colaboran a no reaccionar en automático. En la práctica Zen existe el concepto de Ichigo Ichie, que se traduce como «Un momento, un encuentro» o «Una oportunidad en la vida».

Elevar la conciencia es como subir de piso en un edificio o escalar una montaña. Los acontecimientos de tu vida (las calles, el tráfico, la gente) siguen estando ahí, exactamente igual, pero desde un piso más alto ves más lejos, con mayor claridad y menos ruido. La distancia permite entender cómo se conecta todo.

La pregunta que podemos hacernos es ¿con qué actitud, apertura y conciencia estoy dispuesto a vivir esta experiencia?

La filosofía oriental y la literatura nos dicen ¡vive el presente! pero no están hablando del tiempo sino de actitud perceptiva.

El pasado y el futuro son como la plastilina, pero la mano que moldea esa plastilina, el único lugar donde la masa se siente tibia y flexible, ocurre en ese lapso entre lo que fue y lo que vendrá que llamamos presente.

Volvamos a Einstein que lo dejó claro: «Ningún problema puede ser resuelto desde el mismo nivel de conciencia que lo creó.» Un hecho pasado fue interpretado por una persona diferente a la que eres hoy. Por ello es necesario traer ese recuerdo a la conciencia del «yo adulto» y permitir que se re signifique, porque se reinterpreta la herida, se reconfiguran las conexiones neuronales que modifican la emoción asociada a ese recuerdo y se abre la nueva línea de posibilidades para el futuro.

El dolor pasado es a menudo la semilla de la conciencia futura. No necesitas viajar en el tiempo para cambiar tu historia, ni necesitas adivinar el mañana. El único «trabajo» real de la vida es un cambio de perspectiva.

El instante de paz ocurre cuando el pasado dejó de ser una herida y se convirtió en medicina, y el futuro dejó de ser una amenaza para convertirse en el lienzo infinito de tu propia creación.

Si no estuvieras aquí y ahora manifestando un cambio de perspectiva, el pasado seguiría petrificado y el futuro seguiría en piloto automático.

El tiempo no es una dimensión del universo, es la medida del apego o la prisa de una mente que aún no ha aprendido a descansar en la Conciencia.

Las cosas van cambiando, no porque cambien ellas, sino porque cuando la comprensión es diferente nosotros cambiamos.

Tú decides cuándo estás dispuesto a reescribir la narrativa de aquello que te lastimó.

Tere Hergom.

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