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AUDIOREFLEXIONES CRECIMIENTO EN CONCIENCIA

LA PRISA

La velocidad es una forma de escapar de la conciencia y simplemente actuar.

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Todos sentimos que el tiempo se ha acelerado a pesar de que los relojes siguen marcando 60 minutos por hora. Esa sensación es comun, una percepción debida a factores psicológicos, circunstanciales y sobre todo tecnológicos.

Paul Virilio (1932), Arquitecto y Urbanista de formación, consagró gran parte de sus estudios a la revolución tecnológica del mundo contemporáneo, estableciendo una relación directa entre el tiempo y la velocidad.

La vertiginosa velocidad con la que recibimos una información tras otra, sin muchos notarlo, nos violenta, abruma y crea confusión. No da tiempo para reflexionar, comprender, asimilar y discernir. Y el costo de esta atención es el poco tiempo para dedicar al mundo interno. Todos compartimos sin darnos cuenta de que nos llenamos de mensajes que revisar ocupa gran parten de nuestro día.

Parece de otro tiempo poder tomarnos tiempo.

Comparto extractos de Felix Berenguer: Tecnología y Velocidad en Paul Virilio.

Vivimos tiempos confusos por todo lo que sucede afuera, pero la mayor confusión es la que vivimos por dentro y quizá uno de los factores más importantes es la velocidad de la información que recibimos.

Virilio la ve como factor de encarcelamiento, incluso como violencia. Es “la bomba informática”, el fenómeno sin igual que actúa a la velocidad de la luz, un instante que no participa ni del pasado ni del futuro. Una sucesión de instantes inhabitables por su velocidad.

{…} antes de la revolución tecnológica existían los tiempos locales, los tiempos de cada ciudad, de cada barrio, de cada persona. Los hombres, así, tenían un tiempo propio dependiendo de su ubicación, de su relación con el entorno o comunidad, habiendo por tanto una relación directa entre el ser y el tiempo. El tiempo era algo “palpable” dentro de su abstracción; no era algo que pudiera ser sometido a nuestra voluntad, pero había una relación mucho más cercana, lo que provocaba un sentimiento de mayor control sobre nuestras vidas. A partir de la era tecnológica se produce el gran cambio, pasándose así de la experimentación del tiempo local al tiempo global que domina el tiempo de vida de cada ser.

He perdido la ciudad, pierdo las sensaciones corporales derivadas del contacto humano, pierdo la palabra, el afecto por el otro, el amor; ahora soy una especie de componente de una máquina conectada a su vez a una gigantesca red mundial en la que está toda mi realidad: mis amigos, mis contactos, mis gestiones…mi vida entera a través de una pantalla en la que todo es instantáneo y se mueve a velocidades de vértigo.

Antes la historia eran las historias particulares: la historia de una ciudad, de un país, la historia de una persona…pero con el imperio de la velocidad y del tiempo único pasamos, así es, de lo particular a lo global, de lo personal a lo lejano y abstracto. La riqueza de la historia se debía a que ésta estaba formada por multitud de historias, cada una de ellas con su propio tiempo. Existía, así, una multiplicidad de acontecimientos, un paisaje de acontecimientos en el que cada uno de ellos cobraba la máxima importancia para los sujetos que los vivenciaban.

Dejamos de tener contacto con nuestro entorno porque mismamente dejamos de tener entorno. Ahora la unión ya no es con el vecino, con el barrio, con la ciudad, sino con lo lejano, con lo inmaterial.

Una sociedad tecnologizada sometida a un proceso veloz de patologización y deshumanización, sociedad ya esclava de una tecnología que usurpa el espacio, el tiempo y el libre pensamiento de todos aquellos que se someten a este gran Leviathan

Hoy medimos la vida en velocidad no en profundidad.

Velocidad y complejidad van juntas porque si no se tienen las herramientas, los medios intelectuales o físicos para analizar esa complejidad, para poder reaccionar antes de que se disuelva, pues no podemos intervenir en ella y por lo tanto puede resultar una catástrofe total.

Sin crítica consciente no hay ningún mecanismo que corrija los errores de la sociedad actual.

La información, la cultura y la comunicación no son la misma cosa. La cultura y la verdadera comunicación necesitan de la duración, del vínculo social, de la relación. En cambio la información instantánea puede ser propagada por internet en pocos segundos. Millones de personas conectadas entre sí en el mundo virtual diluyéndose así el contacto en el mundo real, un mundo virtual en el que ya no caben los afectos.

¿Podría aflorar el amor por el prójimo en un mundo en el que el prójimo es alguien inmaterial?

Se está produciendo pues una pérdida del otro, del prójimo, en este mundo virtual que está sustituyendo al mundo real. Los hombres cada vez están más aislados al tiempo en que están más cada vez conectados. En esta nueva realidad se tienen más amigos que antes, llegando incluso a tenerse miles de ellos; amigos virtuales que sustituyen a los reales y que provocan el que las personas se recluyan en sus casas para conectarse con esta vasta red de contactos que procuran, creen ellos, amistad y compañía. ¿Pero esto es amistad o es soledad? ¿Será que este estar conectados con lo lejano, a costa de lo cercano, está provocando un aislamiento generalizado?

No queda ya tiempo para la observación, para la reflexión, para el caminar lento: detenerse a oler una flor, observar a un pájaro, ver el cielo estrellado o dar un paseo por la ciudad y entablar conversación con sus gentes son actividades lentas e improductivas; y lo lento, lo pausado, la calma, ya no tienen cabida en el imperio mundial de la velocidad teniendo esto, como no podría ser de otra manera, graves consecuencias psicológicas como un aumento del estrés, dificultad para la concentración o problemas para entablar relaciones personales, y por supuesto, adicción.

Si el tiempo es dinero, la velocidad es poder, el poder la máquina.

Una sociedad donde circulan las ideas y el efecto es una reacción sin comprensión. Solo produce caos.

La posición de Virilio es el anhelo de una especie de retorno a la naturaleza y a que la técnica y el progreso sirvan a la humanidad en lugar de convertir a esta en su esclava».

Necesitamos detenernos, hacer una pausa para dar tiempo a la quietud de espíritu que puede convertirse no sólo en paz interior sino también en claridad para evitar ir dando tropiezos.

En palabras de Shakespeare: «Con sabiduría y lentitud. Tropiezan los que corren rápido».

Tere Hernández.

elbuho.revistasaafi.es/Vicente Berenguer. Tecnología y Velocidad en Paul Virilio.

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