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AUDIOREFLEXIONES CRECIMIENTO EN CONCIENCIA

TRAVESÍAS

de las que nunca se vuelve siendo el mismo

Vivimos proyectando el futuro, persiguiendo horizontes.

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De la película The Ballad of Wallis Island, quizá no conocida por muchos, surge esta reflexión que encuentra un paralelismo con Ítaca de Cavafavis: un poema sobre el viaje de la vida.

Éste film nos advierte, al igual que Itaca desde el primer verso: cuándo emprendas tu viaje a Itaca/ pide que el camino sea largo, lo que choca de frente con la lógica de la modernidad, de la inmediatez.

En ella, un hombre llamado Charles, ganador de la lotería en dos ocasiones, intenta hacer su fantasía realidad: traer a su cantante favorito Herb Mc Gwyer, a cantar en la isla remota en la que vive, convocando también – sin que Herb lo sepa-, a su ex compañera de banda y exnovia, Nell.

El personaje de Herb Mc Gwyver inicia su viaje bajo un contrato, un pago y un destino concreto. Sin embargo, al igual que el viajero de Cavafis en Itaca, Herb descubre que lo que él imaginaba – un concierto, con un escenario lleno de gente -, es un espejismo. La isla de Wallis no es el puerto de llegada triunfal, sino el de la emboscada existencial.

Charles, el hombre que lo contrata, actúa como el destino mismo: caprichoso, impredecible, y en última instancia, como catalizador. Representa la excusa necesaria para el movimiento. Cavafis lo sentencia con claridad: sin ella no habrías emprendido el camino.

El viaje de Herb comienza como un desplazamiento físico motivado por el dinero pero pronto se revela en una trampa sagrada diseñada para obligarlo a mirar hacia adentro. La “falsa ítaca” no es un engaño malintencionado, sino una herramienta de la que se vale el destino para sacar al héroe de su zona de confort y lanzarlo a las aguas de la autotransformación.

Herb se enfrenta a su propia versión de los monstruos mitológicos de Cavafis. Al principio de su estancia en la isla, se siente «víctima de la situación», reacción defensiva clásica del viajero que aún no ha aprendido la lección: culpar al viento, al absurdo y al «otro» por su propia desdicha. La isla de Wallis, con su aislamiento y su clima hostil, se convierte en un espejo implacable. Un temporal, externo e interno que le impide salir. La tormenta que detiene a Herb no es meramente meteorológica, es la resistencia de un hombre que se niega a soltar el lastre del pasado

¿Dónde has estado?, ¿qué no has dejado ir?, ¿a dónde querías realmente llegar? Las mismas interrogantes que el viajero de Cavafis debe responder.

La autotransformación de Herb comienza precisamente cuando deja de «echar las culpas afuera». Al reconocer que sus propios miedos y fracasos son sus verdaderos «Cíclopes», y el temporal interno empieza a amainar. Solo cuando Herb rinde su ego y acepta tocar para un solo espectador, su pensamiento se mantiene alto y la música deja de ser un oficio para convertirse en una liberación.

Nell representa lo que Herb no ha dejado ir. Al enfrentarse a ella en el entorno confinado de la isla, Herb se ve obligado a procesar sus culpas. Mientras que el poema de Cavafis es una invitación a la vida que se abre, el texto de Wallis Island es una reflexión sobre la madurez: es el viaje de alguien que ya ha vivido y que necesita volver a los puertos de su pasado para cerrar heridas. Nell ya ha pasado página, y su presencia obliga a Herb a hacer lo mismo.

Para que el viajero de Cavafis pueda llegar a Ítaca «sabio», primero debe transitar por estos encuentros humanos que son, en sí mismos, la verdadera mercancía del alma.

El clímax de ambas obras reside en la redefinición radical de la riqueza. Cavafis nos pide llegar a la isla siendo ya ricos sino reconocer de «de cuanto ganaste en el camino / sin aguardar a que Ítaca te enriquezca».

Al final concierto significa buen orden y disposición de las cosas

Se materializa el concierto final entre las rocas. Herb ya no toca para una masa de fans anónimos, ni por el prestigio de una carrera; toca frente al mar, en una «entrega gozosa». El concierto deja de ser una transacción para convertirse en una comunión amorosa e íntima. Y el atardecer se tiñe de esperanza para superar la noche. Es aquí donde Herb alcanza su propia sabiduría.

Al día siguiente, el gesto de Herb de rechazar el dinero de Charles es el acto más profundamente «cavafiano» de la historia. El mejor pago fue la posibilidad de reencontrarse consigo mismo. Ha entendido que el pago era irrelevante. La isla le dio el viaje, la crisis y la sanación. El dinero se vuelve un estorbo porque el tesoro ya ha sido integrado en su espíritu. Como bien dice el poema: Ítaca te brindó tan hermoso viaje, y con eso es suficiente. La tragedia humana no es no llegar a la meta, sino llegar a ella sin haber visto el paisaje.

Cuando nuestra vista mira sólo hacia el destino nos perdemos de ver todo lo que sucede en la travesía

Herb Mc Gwyver llega a la isla como un hombre cínico y agotado, y se marcha como un hombre que ha aprendido a mantener la esperanza. Wallis Island cumple la misma función que la Ítaca de Cavafis: no es un lugar donde quedarse, sino un lugar donde comprender.

Al final, no importa si la isla es pobre o si el concierto fue para una sola persona o no; lo que importa es que el viajero ya no es el mismo que zarpó.

La verdadera Ítaca es, y siempre ha sido, el valor de haber vivido el camino con los ojos abiertos.

Tere Hernández

The Ballad of Wallis Island. Película nominada a la mejor comedia en los Critics Choice Awards de 2026, bajo la dirección de James Griffiths.

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