
AUDIO
En la selva los animales no se vuelven locos, se trastornan en un circo. En la selva la vida de un animal no se deforma, se pervierte en un zoo. Solo nosotros tenemos la capacidad de enloquecer, porque toda nuestra percepción se concentra en la casa, no en el morador de la casa.
Generalmente no percibimos lo interno, toda nuestra atención es para el cuerpo: para la mano, para la pierna, para la cabeza, para el corazón. Cada uno experimentamos la vida de manera diferente y también enfermamos de forma diferente, porque las enfermedades también tienen su propia individualidad, su personalidad.
Supongamos que tiras una piedra en un lago con calma, la perturbación ocurre en el lugar donde la piedra choca con el agua, pero las ondas que provocan, llegan hasta las orillas del lago, donde la piedra no ha chocado. De una forma similar sea la que sea que le ocurre a nuestro cuerpo sus ondas alcanzan todo nuestro ser.
Por eso a veces aunque seguimos un tratamiento «al pie de la letra» no sentimos que estemos mejor, aún cuando todos los exámenes médicos indican que clínicamente estamos bien, porque la ausencia de enfermedad física no implica estar sanos.
La medicina intenta librar al hombre de sus enfermedades a nivel corporal, pero no está completa porque la persona enferma interiormente, y crea mil y una enfermedades a nivel corporal. El cuerpo y el alma son extremos de una misma entidad y la enfermedad puede comenzar por cualquiera de los dos extremos, puede comenzar por el cuerpo y llegar al espíritu.
La medicina es una ciencia de la incertidumbre y un arte de la probabilidad.
Me contaron acerca de un hombre que estaba apunto de arruinarse. Tenía miedo de ir al mercado, a su establecimiento. Tenía miedo incluso de caminar por la calle y ser exigido de saldar sus deudas.
Un día saliendo del cuarto de baño, cayó al suelo paralizado. Ahora está recibiendo toda clase de tratamientos. Y es que no se quiere admitir que el hombre quiso paralizarse. Él no pensaba acerca de ello conscientemente, pero esa no es la cuestión. Ni tampoco si estaba predispuesto o no para la parálisis; probablemente nunca pensó en ello. Pero una parte de su mente en su inconciente, debió desear el no poder ir al mercado, a su establecimiento, a la calle…
Ahora pensará ¿qué puedo hacer? estoy paralizado. Ahora puede decir a sus acreedores ¿cómo puedo pagarles mi deuda? ya ven en qué condiciones me encuentro.
Cuando el acreedor se le acerque se sentirá avergonzado de reclamarle el dinero.
OSHO
Existe una analogía entre las pirámides y el ser humano.
Las pirámides han cautivado a la humanidad desde tiempos remotos. No solo por su grandeza arquitectónica ni por su misteriosa perfección geométrica, sino porque representan un símbolo universal del misterio entre lo humano y lo divino.
Su exterior es lo primero que vemos: sólido, monumental, erguido contra el viento y el paso del tiempo. Pero aunque sus piedras se desgasten, lo esencial no está en la superficie, sino en el templo interior que resguardan, en el misterio que les dio origen y que todavía hoy se busca comprender desde la ciencia, la arqueología y la espiritualidad.
Del mismo modo que los antiguos construyeron estas estructuras como templos de vida y eternidad, también nuestro cuerpo puede ser comprendido como un templo. No un templo vacío, sino uno que alberga la conciencia que no puede ser reducida únicamente a lo biológico.
Nuestro cuerpo físico es la fachada visible, el rostro que mostramos al mundo, el organismo que nos sostiene, la envoltura que se expone al sol, al desgaste de los años, al dolor y a la fragilidad. Y sin embargo, el cuerpo no acota lo que somos: en lo más profundo habita un espacio secreto, en su interior inaccesible para los sentidos, se guarda la cámara secreta que representa nuestro espíritu, ese núcleo esencial que permanece intacto a pesar de las pruebas.
Vivimos rodeados de ruido, de un clima cambiante, de situaciones que no podemos controlar. Por eso cuando digo intégrate, me refiero a entender que somos un todo, y si una de sus partes no está en equilibrio, nada lo está. La raíz de la palabra integral lo dice todo: proviene del latín medieval ‘integralis‘, que significa “que forma un todo o entero”, y a su vez del latín que significa “intacto, completo”.
La mejor medicina de todas es enseñarle a la gente cómo no necesitarla.
El cuerpo emocional requiere que lo reconozcas. Se muestra en tu estado de ánimo, en tu manera de reaccionar ante lo que te rodea. Tu mente precisa que tomes las riendas y la dirijas, que la alimentes y la mantengas activa de manera positiva, porque de lo que la alimentes es de lo que vivirás: de la dicha o del dolor. Tu espíritu estará inquieto mientras no vivas con propósito y no realices tu historia personal. Tu energía vibra en cada momento, en total coherencia, a cada una de tus decisiones.
Cuando el cuerpo enferma necesita recobrarse y la medicación está ahí para restaurarlo, pero también hay medicina para el corazón y el alma que nos recarga de energía vital, y esa viene de la mano de quienes nos aman, de quienes nos acompañan y hasta de aquellos con quienes nos cruzamos «por casualidad». Y sin esta medicina ningún tratamiento médico es suficiente.
Pero para poder recibir, necesitamos tener claro saber qué necesitamos, porque quienes pueden ayudarnos no pueden ver dentro de nosotros. Por ello hace falta parar, hacer silencio, y encontrarnos con nosotros mismos para preguntarnos ¿qué sucede?
Las palabras meditación y medicación comparten la raíz “med-”, vinculada a la idea de cuidar, atender, sanar. Una en el plano mental-espiritual, la otra en el físico.
La sanación es integral: Meditar para equilibrar dentro. Medicar para restaurar fuera.
El problema es que acumulamos. Acumulamos dolor, pérdida, resentimiento y tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe. Y entonces ponemos cara de sorpresa y decimos ¿por qué esto? ¿por qué a mí? ¿por qué ahora?
Ser consciente significa abandonar los juicios durante un tiempo, dejar de lado nuestros objetivos inmediatos para el futuro, y tomar el momento presente cómo es y no como nos gustaría que fuera. Mark Williams
Debes recordar que tú no eres aquello con lo que te cruzas en tu viaje. Tú eres el que está siendo testigo de todo ello, ya sea del vacío, de la dicha, del dolor. Cuando nos miremos íntegramente como una totalidad, cuando nos tratemos a nosotros mismos y se nos trate de esa forma, será un día de regocijo para la humanidad.
La meditación no es concentración ni relajación. Es una especie de regreso a casa.
Por eso disfruta del viaje, disfruta de todos los escenarios que aparezcan en el camino. Observa los árboles y recuerda que también eres el observador que te observa observando los árboles, las montañas, las flores, los ríos, el sol, la luna, las estrellas, pero también la ciudad, el mundo, el bullicio, el caos…solo cuando el observador es el observado, cuando el que conoce es el conocido, cuando el que mira es visto, se ha llegado al hogar.
Los medicamentos no siempre son necesarios. Pero la creencia en la recuperación siempre lo es.
Tere Hergom.
Fragmentos de:
De la MEDICACIÓN a la MEDITACIÓN. Osho
Meditación La primera y última libertad. Osho
One reply on “INTÉGRATE”
Gracias, Tere. Como siempre, tienes razón.
Eres una mujer sabia
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