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Creemos que a lo que más tenemos es a la muerte. A cerrarse nuestros ojos y suspenderse el latido del corazón; si habrá o no algo más allá del umbral si habrá o no algo, más allá del “umbral”.
Nos preguntamos si será simplemente un Blackout con fundido a negro, en el que aparecerá el nombre del protagonista, actores secundarios, productor, director, musicalizacion, edición, vestuario, efectos especiales, animación…
Tememos tanto a la muerte o a la inevitable soledad del Ser, porque sentimos el pánico de presenciar nuestra propia e inevitable finitud. Y porque despedimos a gentes que no solo extrañaremos, sino que nos lo recuerdan.
Como canta Marco Antonio Solís «No hay nada más difícil que vivir sin ti»
Nos invade entonces el sin sentido de ésta “vida”, en lucha constante, en el que pocos sienten que fue mayor el gozo que la decepción.
Si te preguntaras ahora, ¿cuál sería el porcentaje global de satisfacción hasta este momento de tu vida? honestamente.
Nadie que haya hecho «uso» de su vida, con toda su pasión y entrega, temerá el momento final; mucho menos hoy, cuándo ha sido constatado por médicos respetados, que no es el final, y que no vamos hacia la oscuridad, sino por el contrario, hacia la luz.
Querido Diario:
Esta última página, escrita ya desde el umbral, es para ti. Y no es cualquier cosa, aún recuerdo el día que te descubrí. Fue en aquel viaje en que me enamoré de una grandiosa librería ubicada en el casco antiguo de la ciudad. Por días recorrí sus salones abovedados, repletos de sueños, aventuras, y amores plasmados en afortunadas hojas de papel, – que luego se volvieron páginas -, y tan solo un pequeño estante de libretas “para escritores incipientes”. Al menos eso era lo que mostraba en grandes letras el rótulo en el cabezal del mueble; mismo que captó mi atención y mi apetencia.
Luego te miré a ti, tu aspecto sencillo y el extraño cosido de tus hojas. Eras la primera libreta japonesa que veía y supe, que contigo quería iniciar una relación.
Hace cosa de un año que íntimamente me confieso. Cabe mencionar que ha sido uno de los más prolíficos de mi vida – en cualquiera de los sentidos – y en mi favor, debo decir que di mas placer del que obtuve.
Pero nada de lo que a ti te he confesado le concierne a nadie, así que he decidido terminar nuestra relación. Casi puedo imaginarte perpleja. Mereces que te explique, por lo que describo lo que presencié ayer, bien muerta.
Supe que lo estaba desde el momento en me miré tendida en la cama del hospital, mientras mi querido Polo me cerraba los ojos. Busqué entonces el resplandor blanco, para correr hacia él, y encontrarme con los que me esperan, y todo eso que nos han contado, pero no hallé más luz que la del foco de la habitación.
Ahora supongo que me encuentro en el interior de la caja. La verdad es que no me resulta nada escalofriante. Aunque claro, ni asomo del destello. No voy a ponerme en tono dramático, todos sabemos que los mejores chistes se cuentan en un velorio, quizá es la manera en que los mexicanos afrontamos el dolor, pero de ahí al zafarrancho que se formó, hay kilómetros de distancia.
De pronto escuché la voz del tió Manolo, hasta dije shttt para que todos callaran, esperaba un discurso de la talla de mis mejores esfuerzos. Pero a cambio, empecé a escuchar anécdotas de mi vida, y además, escritas por mi misma.
Por supuesto Me incorporé, traspasando la tapa, y te vi. Ahí estabas “tan pancha” en manos de este malnacido que leía sin reparo mis memorias. Y como era de esperarse, porque las memorias tienen el permiso de contarse sin pelos en la lengua, todo estalló. Y por supuesto que me quedé sin las palabras bonitas y emotivas, como esperaba.
La sala, a diferencia de la de al lado, donde cantaban una misa concanciones que me sabía, y quería cantar, se llenó de insultos, bofetadas, tramafats y desmayos.
Y a pesar de estar muerta, me morí de nuevo.
TERE HERNÁNDEZ. QUERIDO DIARIO. SEPTIEMBRE 2013.. PARTE DE LA COLECCIÓN DE CUENTOS DEL LIBRO “Sin cuenta y Contando”.
El verdadero temor está en la intrascendencia de nuestra vida. El irnos sin dejar huella. Lo hemos sentido cada vez que cerramos una etapa, que concluimos un ciclo, ya sea de trabajo, amistad, pareja. Seguramente quien más lo puede confirmar es quien emigra. Cuando dejas de estar en el día día, en la vida de las personas, simplemente dejas de existir.
Y no se me ocurre mejor ejemplo que el de esa imagen de película en la que un empleado recorre el pasillo de la oficina, entre sus ex compañeros, con una caja de cartón entre sus manos, donde caben todas sus pertenencias, y se va sin pena y gloria.
Es el costo de abandonar un grupo de amigos, un Chat de WhatsApp, qué significa quedar al margen de lo que ahí se comparte, o darte por muerto si no formas parte, al menos de un “sub chat”. La realidad es que vamos por la vida desechando todo, incluido a las personas, sin cerrar y agradecer.
Pero no todo es malo, es verdad que todos estamos de paso, en el tren de nuestra vida, subimos y bajamos, y también lo hacen otras personas. Algunas completan el trayecto con nosotros, pero la mayoría solo coincide, en nuestra vida, por “tramos”.
Muchos expresan que el miedo no es a la muerte sino a la manera de morir, cuando en realidad hay mas muertos que vivos, deambulando por el mundo.
La vida, es una aventura solitaria. Todos quieren elegir el camino, cómo y cuándo lo harán, pero el verdadero sendero es la vida misma. Esa que solo tiene un canal de parto y una puerta de salida. Aunque no sabemos cuántos nos acompañan al embarcarnos en el viaje, y cuántos nos esperan a nuestro regreso.
Nos preguntamos una y otra vez ¿cuál es nuestro propósito de vida?, cuando es muy simple: aquello que más te cuesta, duele o inquieta… ahí es.
No quieras cambiar el mundo, es una ilusión, tan solo procura impactar en tu derredor de la manera más positiva posible. Y recuerda que si hasta ahora recibes más de lo que das, volverás sin nada.
En realidad no tememos nada afuera, sino el «vernosla» con nosotros mismos, en ese momento ineludible, sin peros ni excusas.
“… – la mayoría de los seres humanos, Kamala, son como las hojas que caen de los árboles, que vuelan y revolotean por el aire, vacilan y por último se precipitan al suelo. Otros, por el contrario, casi son como estrellas: siguen un camino fijo, ningún viento los alcanza, pues llevan en su interior su ley y su meta…
– Desde luego. También eso lo he aprendido del río: ¡todo vuelve! ¡tú también volverás! » (1)
¡Estaba muerta por supuesto!
Y no es que hubiera una intensa y hermosa luz, ni arpas, ni familiares y amigos esperando mi llegada. Simplemente mi cuerpo estaba ahí tirada, hecha añicos. Lo miré sin comprender que estaba afuera. Y para cuando me percaté, fue ya imposible volver a él.
Miré hacia arriba, hacia la autopista, en busca de alguna persona que pudiera ayudarme, y en un segundo ya estaba ahí. ¡Uf Increíble! pero no había ni un alma… bueno la mía.
– ¡Ouch! -pensé.
Al mirar nuevamente hacia el despeñadero me sorprendió ver a alguien merodeando los restos de mi auto. Y nuevamente en un suspiro regresé.
– Buenas tardes – le dije.
-– Buenas – contestó – ¿es usted la conductora?
-– Si – afirmé – supuse que si podía verme era tan inmaterial como yo.
– ¿Cómo se encuentra?
– ¡Muerta! ¿Hello?
– Disculpe, es el protocolo, ¿puede responder un formulario?
Y en unos segundos se desplegó ante mi vista un holograma con preguntas:
- Sexo
- Edad
- Tez
- Estatura
- Complexión
- Estado civil
- Hijos
- Ocupación
Era una locura y lo peor es que no me lo creerían, porque ya no podía contárselo a nadie.
- Ambidisetro
- 48
- ¿Con o sin maquillaje?
- Alta, 1.60 (al menos así lo era en mi época)
- Curveada
- En tránsito
- Dos
- Todóloga
…Tantas historias sobre dejar mi cuerpo, y llegar a un lugar diáfano y hermoso, del cual no querría volver nunca. El encuentro con mi verdadero Ser, amigos y familiares a mi espera, mis Maestros de Luz… y aquí estoy, varada junto a mi putrefacto cuerpo, llenando una solicitud de pre-admisión a no sé dónde. ¡Vaya engaño!
Pero ahí no acabó la cosa, segundos después, un nuevo holograma obligatorio apareció ante mi vista:
Califique del 1 al 10 según su desempeño:
- Amor… 9
- Egoísmo… ¡9!
- Sencillez… ups… 5
- Orgullo… chin… 8
- Materialismo… 6
- Trabajo… mm… 7
- Fidelidad… 9
- Honestidad… ¿conmigo?
- Odio…necesito mas tiempo…
- Alegría… ¡eso que ni que… 9!
- Compañerismo… 10!
–Oiga, ¿no le parece un protocolo algo invasivo? ¡Todavía ni me enfrío!
–Usted disculpará, cotejar la información es protocolo de prioridad antes de que el “fallecido” cruce y se dificulte encontrarlo.
–¿Y todo esto ¿cómo pa qué pues?
– Para asignarle una nueva encarnación
–¿Cómo?… ¿y el descanso eterno?
TERE HERNÁNDEZ. QUE NO LE DIGAN QUE NO LE CUENTEN. MARZO 2013. PARTE DE LA COLECCIÓN DE CUENTOS DEL LIBRO “Sin cuenta y Contando”.
TERE HERGOM
- Siddartha. Herman Hess
Nos veremos de este o del otro lado.
Namasté