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EL ÁRBOL DE LA VIDA

relato corto

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Sofía aceptó ese trabajo porque amaba perderse entre libros viejos, entre tantas y tantas paginas que despedían olor a tiempo y tinta. Amaba que se tratara de una librería de segunda mano, y no como esa en la que había permanecido los dos últimos años, colmada de bestsellers, novelas y libros recién salidos del horno, llenos de letras, pero vacíos de pertenencia y alma. Y en ésta los libros tenían las huellas de otros.

Aquél hermoso lugar pertenecía a Georgiana, una mujer que a Sofía le resultaba difícil adivinar su edad, pues su vitalidad física contrastaba con aquel rostro, dibujado por grandes surcos que asemejaban un tronco viejo. Al pensarlo recordó que en los árboles encontraba siempre caras y formas que retrataba, porque según avanzaba el día y cambiaba el contraste de luces y sombras, éstas se difuminaban. Igual pasa con los libros -pensó-, cuando los leemos por segunda vez y caemos en esos párrafos resaltados, quizá ya no los entendemos de la misma manera.

Al cabo de varias semanas rodeada de esos libros, con la librería cerrada esos últimos días de verano, se sentó en el centro del local y mientras hojeaba uno de los libros, le pareció que éste emitía un aura de color rojo. Lo dejó sobre las piernas y miró a su alrededor, ¡el resto de libros la mostraban también en diferentes colores! Parecería una locura. ¿Qué significado podría tener?

Recordó que alguna vez había leído que los árboles más utilizados para la fabricación de papel eran los pinos, abetos, eucaliptos, abedules y robles. Y se dispuso a mirar el significado o característica de cada uno de ellos.

Y se dejó llevar. Empezó a dividirlos en categorías por color y procedencia. Colocó en una pila los amarillo ocre, los más antiguos como el árbol de Pino. Luego los blancos, con la fuerza, constancia y renovación del Abeto. En la tercera agrupó los verdes, con el alivio que proporcionan como el Eucalipto. A un costado recostó los azules con la promesa de renovación y purificación del Abedul. Por último colocó los rojos que comparten la fuerza y la resistencia del roble.

El arte de vivir es cambiar las hojas sin perder las raíces

Cuando Georgiana llegó a la mañana siguiente, quedó sorprendida. Las estanterías ahora dividían la librería en cinco espacios. Sofía le explicó lo que le había llevado a reorganizarlos de esa manera y entusiasmada aceptó la propuesta que prometía un “cambio de raíz “

Decidieron cambiar también el cartel de la puerta, con esa imagen del libro antiguo por el árbol de la vida, en honor al origen y las raíces que nos llenan de sabiduría y agradecimiento.

Cuando reabrieron sus puertas el espacio se llenó de vida. Las personas que entraban parecían intuir el propósito, pues tras permanecer unos minutos en el centro se dirigían con pasos firmes hacia una de las áreas. Se tomaban su tiempo entre todos los títulos ahí situados y rara vez cambiaban de espacio.

En la compra de algún ejemplar, se insertaba en él una tarjeta con las características del árbol que había dado vida a esas hojas y una nota: «Leer un libro subrayado es asomarse a la intimidad ajena o al momento de otro que, quizá, coincida con el tuyo…»

Gracias por imaginar porque «el poder de la imaginación nos hace infinitos». John Muir

Tere Hernández. Abril, 2012

2 replies on “EL ÁRBOL DE LA VIDA”

Sin duda entre mis mejores recuerdos! “tu taller ‘57” en el que, me recibiste y se quedó una parte de mi corazón.❤️
Eres parte de mi bosque!

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