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CRECIMIENTO EN CONCIENCIA

SALIR DE RUTA

Un cambio de pensamiento hace un cambio de destino.

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La vida es un recorrido que cambia según los caminos que escogemos entre un «Universo de carreteras”. A veces transitamos por caminos de tierra que nos hacen reducir velocidad porque el lodo y las piedras pueden dejarnos varados. Hay también trayectos que se bifurcan intempestivamente y nos desvían, carreteras sinuosas que requieren de mayor atención y destreza, y rectas que “no nos hacen conductores hábiles” como dice Paulo Cohelo.

Con gusto recorremos esas avenidas anchas con prioridad de circulación, pero otras veces llegamos a glorietas (rotondas) donde hay que ceder el paso e incorporarnos cuando hay paso libre; y no faltan las calles cerradas con que nos damos de tope, las carreteras fantasma que solo visitamos en sueños, y las abandonadas a las que no deseamos regresar.

Y aunque hay obligadas vías solitarias, de un solo carril, que hay que andar de cuando en cuando y obligatoriamente al inicio y final del viaje, nada está preparado, todo es resultado de cada elección.

Pero hay un tipo de vía que mejor refleja nuestra vertiginosa vida, y son esas redes de alta velocidad llamadas autopistas, que ante todo nos ahorran tiempo.

En 1982, Larry Dossey médico estadounidense, acuñó el término “enfermedad del tiempo” para denominar la creencia obsesiva de que “el tiempo se aleja, no lo hay en suficiente cantidad, y debes pedalear cada vez más rápido para mantenerte a su ritmo” (1)

Siempre en el límite de velocidad y capacidad para alcanzar todas las metas que nos proponemos, aunque eso conlleve al agotamiento extremo.

Byung-Chul Han, filósofo y ensayista surcoreano, define la sociedad moderna: vivimos en “La sociedad del rendimiento” y “La sociedad del cansancio”. Una sociedad que ha perfeccionado los métodos para mantenernos produciendo más y más y a mayor velocidad; viviendo entre la autoexigencia constante y el rendimiento extremo, donde no nos hace falta nadie, porque cada uno nos explotamos a nosotros mismos haciendo posible la explotación sin dominio. Y, paradójicamente, vivimos con la sensación de libertad”. (2)

Como en el videojuego Pac-Man lanzado en los 80´s que «dentro de un laberinto tiene como objetivo recorrer el espacio y comer todas las bolas “energizantes” sin ser atrapado por los fantasmas.” (3) Así repetimos nuestras actividades una y otra vez.

Habría que añadir “La sociedad de la rutina”, que nos vende mil maneras de adoptar “rutinas automatizadas” para ahorrar tiempo y energía mental. Más cuando el recorrido es rutina siempre ponemos en marcha los mismos circuitos neuronales, no podemos dilucidar nuevas maneras, y el discernimiento no lo ejercitamos. En piloto automático el cerebro se hace vago y se comporta de forma conformista y pasiva. Nada hay que nos provoque o sorprenda dentro de un camino repasado una y otra vez.

Estamos apresurados siempre porque “el ocio se ha convertido en un insufrible no hacer nada.“ (4)

Así como algunas ciudades ya piensan eliminar las autopistas para restaurar el tejido urbano y recuperar espacios, quizá podríamos considerar bajar la velocidad a nuestra vida.

La verdadera relajación requiere aflojar intensamente, rendirnos. Esto supone un gran esfuerzo porque el cambio de perspectiva no es fácil, por desgracia es algo que solo nos planteamos frente a callejones sin salida, que nos hacen “cuestionar la lógica de la hiperactividad y buscar un camino hacia una vida más significativa y equilibrada”. (5)

Y aquí estoy fuera de ruta intentando bosquejar, porque lo que no se ha hecho en mucho tiempo nos delata y necesita su tiempo..

Una línea es la vida que cobra fuerza cuando contacta, como hace la mano, con el corazón.

El movimiento es ese primer paso que, te lleve o no a donde quieres ir, ya te saca de donde estás.

Tere Hergom.

Bibliografía:

  1. yoinfluyo.com
  2. Byung-Chul Han
  3. Tokioschool.com
  4. Byung-Chul Han
  5. Byung-Chul Han

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