
El tiempo es eso que creemos nos da o nos quita posibilidades, como si fuera un halo que se apodera de nuestros instantes y hace de ellos lo que quiere.
Nos pesa a veces como si de uno dependiera que una enorme y pesada manecilla avanzara al minuto siguiente o la pudiésemos detener para lograr una prórroga eterna.
Con él nos amigamos cuando nos es grato, suficiente o incluso mas de lo que esperábamos; y por el que nos agitamos cuando estamos ansiosos o sufrimos, porque no nos alcanza ni remotamente para cuanto creemos necesitar.
En él están como fantasmas, no ya los eventos que tuvieron «su tiempo», sino esas experiencias vividas que construyen la “historia atemporal» que aún nos define como merecedores de dolor, de engaño o desamor, de abandono o fracaso.
Por ello es una ilusión, porque aunque creemos que mide nuestras vivencias, en realidad resultan de nuestro nivel de paz o de angustia, expectativas, recelos, quimeras, anhelos, oportunidades.
¿Cómo renacer, si no somos capaces de abandonar nuestras historias, y liberar a quienes participaron en ellas?
Es el momento de superar el pensamiento mágico, ese que espera que las cosas cambien solas, con el tiempo, sin la honestidad de comprender que somos nosotros, cada uno, los que nos hemos mantenido en ese “yo” por el que sufrimos.
A veces queremos que las personas más cercanas vibren a nuestra frecuencia y lo llamamos empatía. Inconscientemente hacemos todo cuando esté en nuestro poder para resistirnos a cambiar nuestra vibración. Peleamos, discutimos, criticamos e intentamos persuadir al otro, para poder mantener nuestra propia frecuencia, sin permitimos conectar con quienes pueden ayudarnos a sentirnos mejor. Como relojes de péndulo en la misma habitación, donde los más lentos – como si se hallasen bajo los efectos de una influencia irresistible -, comienzan poco a poco, a oscilar a la misma velocidad de los que van más rápido. (teoría del arrastre)
La celebración de la Navidad es la oportunidad de permitir abrir nuestro corazón para renacer al dejar atrás todo lo que nos impide Ser.
Ya es tiempo…
Tiempo de elegir, de querer, de avanzar. Al permitirlo lo celebramos y lo compartimos en actos que sobrepasan nuestra individualidad y nos unen en una sola voz.
Cada corazón canta una canción incompleta, hasta que otro corazón susurra detrás. Aquellos que deseen cantar siempre encontrarán una canción. Al toque de un amante, todo el mundo se convierte en un poeta.
Plato
«La música emplea el elemento temporal de los sonidos y de los silencios. Tiene su tiempo intrínseco, el tiempo en que se elige y el tiempo de quién la escucha y la entona; todo forma una elipse temporal que parece en distintos tiempos pero que nos envuelve….Nos mantiene expectantes, en el transcurso de la escucha, en la ilusión de que nos hable, de que el sonido se convierta en palabra y nos hable.» (1)
» …nos recuerda que hay algo mas de nosotros en este universo, una conexión armónica entre todos los seres vivos, en todas partes, incluso las estrellas».
August Rush (2007)
En este suceso real «Christmas Truce of World War I», soldados franceses, alemanes y británicos cruzaron trincheras para intercambiar saludos. Se aventuraron en «tierra de nadie» en Noche Buena y Navidad. Todo inició con la música que conectó los corazones de todos en una tregua.
Feliz navidad y feliz efecto de haber sobrepasado la oscuridad de nuestros egos y habernos internado en la luz del perdón.
Tere Hergom.
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Bibliografía:
1. murciaeconomía/lamúsicaunviajeeneltiempo
One reply on “YA ES TIEMPO”
Excelente reflexión! Muchas gracias
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