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CRECIMIENTO EN CONCIENCIA

LA GRAN PANTALLA

«Lo bueno del cine es que durante dos horas los problemas son de otros». Pedro Ruiz (Humorista y escritor español)

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El cine es como la vida: el pasado es historia, el presente es un estreno y del futuro solo sabemos que es la siguiente premièr.

Asistir a una película en el cine es bastante similar a la manera en que presenciamos nuestra vida: rodeados de personas, las luces se apagan (introyectamos), nos emocionamos y de manera individual miramos las imágenes que se nos presentan en “la pantalla”.

Las imágenes que ésta refleja vienen también a formar parte de nuestro sueño, por su semejanza y diferencia a la vez con la realidad. De ahí que en el cine, como en la vida, el espectador pueda “soñar despierto” e inhibirse de la realidad para refugiarse acaso en un mundo ficticio, de evasión”, porque en la mente durmiente únicamente el sistema de pensamiento del ego (el proyector) se encuentra activo.

Al igual que el escritor o guionista, nuestra mente narra las historias y les otorga el género de drama, comedia, aventura o thriller, entre otros y documentamos nuestra vida mediante “grabaciones”, que luego proyectamos.

No es el cine el que se ha creado a imagen y semejanza del mundo, sino el mundo a imagen y semejanza del cine.

La imagen que tenemos de sociedades actuales y pasadas, de hechos y de personajes de la historia, incluyendo su imagen física, está moldeada en gran parte por “la magia del cine”. La película Amadeus (1984) cambió por completo la imagen que el gran público tenía de Mozart.

Es posible mencionar al menos un puñado de películas que han conseguido el impacto deseado o metamorfosis en el mundo – la mente colectiva. Es el caso de Tiburón (1975) o Los Pájaros (1962) de Alfred Hitchcock.

El cine, como la mente, es fuente y memoria, y también puede inducirnos a emociones intensas.

Los sucesos se vuelven importantes hasta que pasan a “la pantalla” y se hace imposible negar su existencia, así como otros por falta de recursos, permanecen “sin salir a la luz”. Un ejemplo es La lista de Schindler (1993), El cine como nuestra mente utiliza el recurso del pasado.

Hay películas impactantes, reveladoras, revolucionarias como El Show de Truman (1998), Mátrix (1999), Memento (2000) y Lucy (2014), que abren nuestra mente o se niegan porque la información, que a veces resulta difícil de comprender, queda negada.

El cine es verdad 24 veces por segundo.

Director Jean-Luc Gogard

La paradoja, tanto en el cine como en la vida estriba entre aceptar como verdad algo imaginario o como ilusorio lo que es verdad. La popularidad, el impacto y su capacidad de seducción, hacen de cada “proyección” un medio poderoso para influir, orientar, manipular o incluso cambiar la historia.

El maestro italiano Federico Fellini con su filme La Dulce Vita, todo un fenómeno en los años 60, no solo puso de moda Vía Veneto de Roma y las gafas de Mastroianni, sino que también acuñó nuevos términos en su idioma original como el título de la película misma, que se convirtió en sinónimo de vida relajada y Paparazzi, una palabra que a partir de la cinta, se empleó para llamar a los fotógrafos que persiguen a los famosos.

Podemos quedar absortos y alterar el tiempo, sentir terror, angustia y también reconectarnos con la belleza, como logran las películas del director chino Zhang Yimou.

El cine como la vida: “nos incita a deambular en nuestro interior y explorar emociones que nos pasan de largo y nos identificamos con personajes de historias “ajenas” de manera que se da lugar al principio aristotélico de catarsis”. También cumple su función de legitimación, al poder justificar o autentificar ideas, creencias o conductas que pueden, a su vez, lograr promover un cambio de percepción y perspectiva sobre eventos y situaciones que generaban rechazo por gran parte de la sociedad.

Como dato curioso en 1925, el director de los estudios MGM Samuel Goldwyn, viajó a Viena para invitar a Freud a que expusiera sus teorías a través del cine. Pero éste, a pesar del impacto de este medio sobre la mente, expresó su desdén por Hollywood y se abstuvo de participar.

Las imágenes, los sonidos y las historias que vemos, o nos arrastran o podemos llevarlas a la reflexión sobre nosotros, sobre los otros y el mundo, incluso darnos cuenta de la película que estamos “creando” y evitar las distorsiones, como el grito de ”cácaro” que se solía lanzar en Mexico cuando fallaba la imagen o el audio.

El mundo que percibimos es simplemente una proyección de un pensamiento en la mente, hay quien ve un mundo desastroso y derrotado, hay quien ve un mundo lleno de miedo y que podemos sanar. Lo que cada uno ve depende de el pensamiento que le domina. De la misma manera que la película no sale de la pantalla sino del proyector.

Hay una escena de la película “Comer, Rezar, Amar” donde Julia Roberts intentando meditar, está diseñando en su cabeza su sala de meditación. Su amigo Richard le explica que la sala de meditación está en uno mismo, que tiene que aprender a elegir sus pensamientos de la misma manera que elige la ropa que se pone, porque como cita ucdm: “una mente sin entrenar no puede lograr nada.

Si, como la vida misma, el cine emociona, nos hace reír, gritar, llorar, suspirar; y es posible salir de él sin entender nada, como cita Joseph Campbell “la vida es como llegar tarde a una película: averiguar qué estaba pasando sin molestar a todos con un montón de preguntas, y luego ser llamado inesperadamente antes de saber como termina”.

Tere Hergom.

Terapia personal aainwithyou.wordpress.com

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Bibliografía

  • eltiempo.com/ el cine sí puede cambiar el mundo
  • elpais.com/ ¿Olvidas tus problemas con una película? Es el poder del cine.
  • “capacidad de manipular” del poder sugestivo
  • Psicologosmadridcapital.com

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