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CRECIMIENTO EN CONCIENCIA

DE LUCES Y DE SOMBRAS

Cualquier idea que Yo «Piense» que va a hacerme feliz, va a hacerme sufrir. –Sergi Torres

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Peter, un buscavidas y aventurero, pierde su sombra. Es decir, acepta un pacto que le ofrece un misterioso hombre de gris: una caja de dinero inagotable, a cambio de ceder su sombra. Gana con ello el ansiado bienestar, la posibilidad del ascenso social. Pero pierde algo de su ser, indefinido, indescriptible.

El hombre que perdió su sombra. Adelbert von Chamisso de Boncourt

Luces y sombras habitan en nuestro interior. Nos conforman. Con ellas nos debatimos entre lo que reconocemos, lo que evitamos, lo que admitimos y lo que ignoramos o no queremos ver.

El miedo y el amor constituyen nuestra elección de cada día, la del amor empieza al permitirnos mirar, sin juicio ni culpa, el egoísmo, los celos, la avaricia, la envidia y cada una de nuestras emociones y miedos que son nuestra sombra, la que constituye el reto de nuestra experiencia, el qué de nuestro viaje personal.

Todos tenemos una doble historia, la que mostramos y la “historia detrás de la historia”. (1) Vivimos una segunda vida en la que las sombras no solo se esconden, sino que hacemos como si no existieran.

La búsqueda por reencontrar nuestra historia, por comprenderla mejor, nos hace volver a la fuente de los conflictos, donde subyacen nuestros malestares, nuestras reacciones inconscientes, en busca de «fragmentos perdidos»; pero solemos hacerlo desde el rechazo y la culpa. En nuestro deseo de sanar nos centramos, de tal manera en “la luz” o lo positivo, que generamos inevitablemente una fuerza negativa, a través de los juicios y rechazos que mantenemos hacia nosotros mismos.

La belleza y el poder auténtico vienen de equilibrar nuestra luz y sombra.

Junto a nuestra sombra, que representa lo no aceptado de uno mismo, está, como nombró Freud, el “el yo ideal” que desarrollamos, mismo que Fromm asegura ser lo que alimenta la sombra, en la “lucha por ser buenos”.

Lo que nos hace más daño no es en si el “defecto” que vemos en nosotros mismos o que ven otros, sino nuestro rechazo a aceptarlo. Reconocer que hay partes nuestras que no nos gustan requiere humildad y coraje, y es la única manera de trascenderlo.

El enemigo del amor no es el odio, sino el miedo.

En el transcurso de nuestra evolución, llegamos al punto en que debemos integrar ambas polaridades. Si somos capaces de mirarnos en «el instante», en total aceptación de lo que somos, desde cada decisión pasada, -sin juicios, culpas, ni lamentaciones- frente a todas los “posibles futuros”, veremos que somos un cúmulo de experiencias, aprendizajes y condicionamientos. El instante de paz sobreviene desde la total aceptación de lo que estamos siendo. Esa es la frecuencia de amor: “el punto cero» del instante donde todo confluye.

«Es un lugar de vida con posibilidades múltiples que, una vez limpio de los juicios positivos o negativos del observador, tiene un solo sentido: permitir la justa expresión de nuestra naturaleza esencial.

El hecho de dejar de ‘buscar a’ y ‘convertirnos en’ nos vuelve disponibles para las circunstancias más alineadas y nos autoriza a crear sin forzar nada, y estar en el camino de la Esencia de acuerdo con el perfecto equilibrio de todas las posibilidades cumplidas y no cumplidas.

La verdadera curación, no es una dirección o una meta que hay que alcanzar, es un acto de amor y aceptación incondicional de uno mismo. Supone desapegarse del deseo de sanación y de la insistencia en crecer y volverse mejor, para estar en presencia de uno mismo, en ese «punto cero» que incluye la sombra y la luz». (2)

Vivimos en el mundo sensible, o visible, en el que absolutamente todo proyecta sombras.

Isol Misenta

El juego de luces compone nuestra percepción. En la pintura, el claroscuro es el arte de pintar luz en la sombra. En primer lugar tenemos  la zona de luz propia, el reflejo de la luz directa al «objeto» iluminado. Después encontramos la zona de penumbra, la parte en donde coexisten variedad de tonos medios, que van desde la parte más clara hasta la más oscura. La zona oscura o sombra propia, es el lado del «objeto» que no recibe ningún rayo de luz. La luz reflejada, la zona que recibe la luz que reflejan «otros objetos» cercanos, y la sombra proyectada, la que el «objeto» dirige a los «objetos cercanos». Gracias a todos estos componentes es posible visualizar el volumen de los «objetos”.

Luz y sombra presente en todo cuanto nos rodea y en todo lo que construimos, como en la arquitectura de espacios tenues e íntimos o bañados de luz en que nos compartimos; en la música que une al dolor con el gozo, la sombra con la luz como Las Cuatro Estaciones de Vivaldi; y qué decir de la fotografía, la radiología, el cine. Para Guillermo del Toro es «tomar la sombra para contar la luz».

Ahí está también el «fenómeno» de la pareidolia, en que las personas interpretamos imágenes en enchufes, alcantarillas, cajas, árboles… o patrones de luces y sombras como caras.

«Si mantenemos los ojos abiertos en un lugar totalmente oscuro, se experimenta una cierta sensación de privación. El órgano se abandona a sí mismo, se retira de sí mismo. Falta ese contacto estimulante y agradecido por medio del cual se conecta con el mundo exterior» (3)

“Uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad”

–Carl Jung.

“Vivir siendo todo lo que somos…trayendo al centro todo lo que se había dispersado en las afueras de nuestro territorio energético, nos permite acceder a una realidad antes imperceptible. Como la flor que se gira hacia el Sol sin cuestionarse, con la satisfacción sencilla de irradiar su naturaleza esencial, permitimos a nuestra naturaleza desplegarse sin restricciones en su belleza total y la individualidad en que nos percibimos.

Permitir que los objetivos de la esencia se manifiesten es distinto de elegir que nuestros objetivos se alineen sobre la esencia.

–Kishori Aird

No importa lo que nos ocurre; si elegimos vivirlo sin juicio, permitimos a todo lo que sentimos, sea en el plano físico, emocional, mental o espiritual, contribuir a la dinámica convergente del instante presente». (4)

“La meta del trabajo sobre uno mismo es liberarse de la búsqueda de mejorarse a sí mismo para que por fin todos nuestros esfuerzos nos lleven solo a SER; a sentirnos cómodos con nosotros mismos en la fuerza del corazón” (5)

¿Te has cegado siguiendo tu propia luz?

Hay una historia que dice así:

Un filósofo llevó a sus discípulos a una habitación oscura.

– ¿Qué ven? -les preguntó.

–  Nada, Maestro. -le respondieron-, la oscuridad es absoluta y no nos deja ver.

El filósofo dio una palmada y se encendieron al mismo tiempo mil lámparas de intensa luz.

– ¿Qué ven ahora? -les preguntó otra vez.

–  Nada -dijeron los discípulos-, ésta luz cegadora nos impide abrir los ojos para ver.

–  Aprended pues -dijo el Maestro-, que ni en la luminosidad absoluta ni en la completa oscuridad el hombre puede ver. Por eso estamos hechos de luces y sombras, para poder vernos los unos a los otros. ¡Ay de aquél que no perdone la oscuridad que hay en el alma de su hermano, pues no lo podrá ver y estará solo! Y ¡ay de aquél que no busque poner luces en su oscuridad, pues se perderá a sí mismo! -y concluyó-: estamos hechos de sombras. ¿Dónde mejor que en nosotros puede brillar la luz?

«Y al prender su luz interior el hombre descubrió que tenía una sombra atada a él mismo.. Y al perderse entre las sombras el hombre descubrió que su luz interior brillaba como ninguna otra.»

Tere Hergom.

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Bibliografía:

(1) Enric Corbera

(2) El ADN y la elección cuántica. Kishori Aird

(3) elconfidencial.com. ACV alma corazón y vida

(4) (5) El ADN y la elección cuántica. Kishori Aird

(6) L.75 ucdm

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