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CUENTOS CORTOS

MORADO

Reconocer de qué color se viste cada mañana.

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Aquél era definitivamente un día morado. Lo supo a primera hora cuando entendió que ella iba a partir.

No era azul, ni negro, ni mucho menos rojo. Aquél día la mañana había nacido morada púrpura con todo lo que eso implicaba, al menos para ella. 

Desde que había entendido el significado de los colores, aprendió a detectar la tonalidad y consecuente tarea que le implicaría el nuevo día.

Los hay azules, serenos, armoniosos y pacíficos, que sin embargo pueden convertirse en depresivos y apesadumbrados.

Verdes, moderados y equilibrados, amaneceres tan tranquilos que llegan a peligrar de ociosos.

Amarillos que se presentan alentadores pero con riesgo de agotar la mente.

Los naranjas son energéticos con solo abrir los ojos, pero pueden producir mucha ansiedad, tan diferente a la agitación de un apasionado día rojo, o el silencio y la pesadez de uno negro.

De ahí la importancia de descubrir a tiempo de qué matiz se vestía cada mañana.

Pero este, tan claramente morado, era un día para aceptar la transición y el cambio; la oportunidad para equilibrar la mente y transformar los miedos. 

Ella era miembro y causa de mi íntimo entorno llamada familia, que ahora ya lista volaba y nosotros sus hijos nos convertiríamos de pronto en mayores.

Quizá es por ello que aunque vestidos de color negro, propio del significado que hemos dado a esos momentos, el lugar era de calma, no solo por las acostumbradas flores blancas que siempre regalan paz.También estaban las flores moradas, que corroboraron que aquél momento diera testimonio de una revelación: una vida conquistada a través de un amor pleno y compartido, y la comprensión de la inevitable ley de finitud de ésta experiencia que llamamos vida.

Un transformativo día morado para todos.

Tere Hernández.

Noviembre, 2012.

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