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CRECIMIENTO EN CONCIENCIA

EL VALOR DE TU NOMBRE

¿Lo sabes?

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El ser humano construye su mundo a través del lenguaje. Es el puente de conexión que internaliza las percepciones del mundo exterior, exterioriza las del mundo interior y otorga nombre y significado a cuánto le rodea.

Todos recibimos un nombre cuando nacemos, o incluso ya preexiste desde nuestra gestación o mucho antes, para luego acompañarnos a lo largo de la experiencia.

El acto de nombrar nos llega desde el Génesis “…el hombre puso un nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo«… nombrar es el aliento, el elemento vital del espíritu. Otra cita entrelaza nuestro nombre con nuestro destino: “según su nombre, así es él” 

Nuestro nombre representa la individualidad e identidad en el mundo. «Debido a que un nombre se usa para identificar a un individuo y comunicarse con él a diario, sirve como la base misma de la propia concepción de uno mismo, especialmente en relación con los demás», dice David Zhu, psicólogo de la Universidad Estatal de Arizona (EE.UU.) que investiga la psicología de los nombres.

Aprendemos a identificarnos con él, porque nos guste o no, será la palabra que más escucharemos por el resto de nuestras vidas. 

Cuando conocemos a alguien lo primero que hacemos es preguntarle su nombre. Por ello para muchos el que alguien olvide su nombre, equivale a no ser vistos o recordados.

Nombrar es un acto de libre elección a diferencia del apellido que es hereditario. Para el judaísmo el nombre que recibimos al nacer no es fortuito, puede ser hasta cierto punto “profético”. Cuando la Torá dice “Dios creó”, dice que utilizó los nombres no solo para identificar, sino para crear: “que haya luz, y hubo luz”. Nombrar es crear.

En hebreo alma es neshamá, que forma la palabra nombre: la llave para conocer tu alma.

Los nombres son como un libro que cuenta la historia de nuestro potencial espiritual, así como también la de nuestra misión en la vida.

– Benjamin Blech

Nuestro nombre significa o solo identifica?

Existen muchas creencias respecto a los nombres: si algunos son mas afortunados que otros, influyen positivamente en la personalidad, causan mejor impresión o mayor impacto. Lo cierto es que los nombres propios no lo son en realidad cuando hacen alusión a las características de alguien más, de manera que el nombre de la persona puede percibirse como una carga simbólica. 

Como contratos inconscientes pueden creerse limitantes o potencializadores. Según Alejandro Jodorowsky, el nombre tiene un impacto potente sobre la mente. Influye en el carácter, la personalidad y la conducta.

A veces conocemos poco de las personas que nos antecedieron y de quienes heredamos nuestro nombre, y el conocimiento da conciencia. Es posible sanar en uno y en el árbol genealógico cualquier conflicto existente o quizá será la energía del antecesor la que ayudará a enfrentar situaciones. 

Cada uno tenemos una percepción distinta de los nombres y esto es porque hemos hecho asociaciones entre estos y las características de cada persona. Pero es verdad que cada uno tiene una vibración que se puede entender matemáticamente, pues la unión de las palabras forma un sonido y ese sonido emite una vibración, que crea a su vez una energía.

En el idioma hebreo – idioma esencial en el que la cosa y el nombre son lo mismo –, cada nombre tiene también un valor numérico porque se compone de letras y cada una tiene un valor asignado. Así los nombres son recipientes de energía y portadores de cualidades neutras que cada uno experimentará como positivas o negativas. 

Para la numerología también cuentan todos los apodos, sobrenombres, motes o diminutivos, que son una forma de desvirtuar el nombre de una persona, pero cada uno tiene su correspondiente valor numérico.

Así, al comprender el significado del nombre la conciencia se activa, podemos desarrollar cualidades potenciales y activar su energía para manifestarlas en el mundo físico. Al activar la conciencia podemos sanar, si entendemos que nombrar es curar, y es la manera en que cada uno de nosotros podemos y debemos resignificar nuestro nombre, desde un nivel de conciencia, en que podemos «cambiar» el nombre para adueñarnos de él, y darle un significado propio.

Al final no son nuestros nombres los que nos llevan a ser lo que somos, sino que lo que somos – nuestra esencia – se transmite de alguna manera a aquellos que están a cargo de elegirlos, para ayudarnos a definir nuestra misión y aprendizaje en esta experiencia que llamamos vida.

Tere Hernández

Terapeuta https://aainwithyou.wordpress.com

Estudiante de Un Curso de Milagros 

Maestra Adjunta Na-sa Curarte tu https://curartetu.org

Si quieres saber más:

Bibliografía:

El poder de los nombres. guioteca.com

El judaísmo y el poder de los nombres. Ray benjamin Blech

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