¡Estaba muerta por supuesto! Y no es que hubiera una intensa y hermosa luz, ni arpas, ni familiares o amigos esperando mi llegada…
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¡Estaba muerta por supuesto! Y no es que hubiera una intensa y hermosa luz, ni arpas, ni familiares o amigos esperando mi llegada…
De pie frente a esa puerta, inviolable desde que mi memoria la recordaba, me paralicé por unos minutos que parecieron horas, hasta que logré vencer el recelo y girar la perilla para cruzar el umbral de aquella habitación prohibida.