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AUDIOREFLEXIONES CUENTOS CORTOS

EL MUNDO EN EL QUE VIVES AHORA

Nunca es demasiado tarde para ser lo que podías haber sido.

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Salí a la calle con un impulso imparable y ahí me percaté que estaba acompañada de muchos más -contaba mi abuela con ojos brillantes y húmedos.

Vivíamos en un mundo de conflicto y separación, donde las ilusiones, los sistemas en que los confiábamos y las viejas estructuras se desmoronaban. La información no hacía otra cosa que generar miedo, y la corrupción, el engaño y el desequilibrio de gobiernos, instituciones o comunidades, era ya imposible de ocultar. Las motivaciones se revelaron y experimentamos profundos cuestionamientos.

Fenómenos inusuales en el cielo nos recordaron que habíamos olvidado leer las señales y como lo que aparece arriba, refleja un cambio abajo, la tierra temblaba por el egoísmo con que era tratada.

El conflicto fue necesario, cada actor desempeñó el papel indicado para confrontarnos con nosotros mismos. La humanidad debía de decidir entre soltar y avanza con conciencia o aferrarse a los viejos patrones.

Y ahí en la separación que confina al ser humano, muchos confrontamos nuestros miedos mas profundos, miramos la vida cómo habíamos elegido vivirla: en lucha, sacrificio, juicios, separación, enojo, culpa … que se reflejaba en nuestras relaciones complicadas y en el terrible mundo que percibíamos.

Ese temblor interno, fue una fuerza que comenzó con un silencio casi imperceptible dentro del corazón, que nos mostró que la elección era clara: mantenernos en el miedo, que ata a los individuos al mundo que se derrumba, o permitir la claridad y la humildad, que abren el camino hacia la renovación.

Aunque no todos lo pudieron entender, pero fue la antesala de una restauración de la armonía para una humanidad que permitió que el desorden echara raíces.

Aquél día, con un arcoíris que se que dibujó en el cielo, salí de casa, el aire era ligero y una suave lluvia refresco mi cara. Caminé al lado de otros, sintiendo que mi cuerpo se balanceaba ante un sonido, apenas perceptible, que a medida que avanzaba se convirtió en un canto al que todos nos unimos.

Nos miramos, nos abrazamos y bailamos ahí bajo una lluvia de estrellas.

Y lo que vino fue un mundo con sentido, unido en paz y felicidad.

Éste – mi niño-, es el mundo en el que tú vives ahora -dijo ella con la sonrisa que parece nunca languidecer en su cara.

Tere Hernández.

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