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AUDIOREFLEXIONES CRECIMIENTO EN CONCIENCIA

MI, LA NOTA DUAL

Si quieres encontrar los secretos del universo, piensa en términos de energía, frecuencia y vibración.
–Nikola Tesla

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El mundo está vibrando en MI, una frecuencia muy específica tanto en la teoría musical como en la simbología de la conciencia.

En la escala de Solfeggio, la nota MI (528 Hz) es conocida como la frecuencia de la «Transformación y los Milagros»

Desde esa metáfora, en la escala de Do Mayor, el MI es la tercera nota. No es el inicio ni el final, sino una fase de desarrollo activo, en la que no estamos estáticos, pero tampoco hemos llegado a la resolución armónica.

Vibrar en MI significa estar al borde de un salto cuántico, una vibración de «umbral» que significa estar a un paso de cambiar de estado, pero que requiere de un esfuerzo extra de energía, para no quedarnos atrapados en la repetición.

Si lo trasladamos a los centros energéticos (chakras), el MI suele asociarse al Plexo Solar: una nota brillante que no podemos negar, vivimos en una era de máxima visibilidad y exposición, donde todo busca salir a la luz. Incluso se dice que el MI es la frecuencia utilizada por los bioquímicos genéticos para reparar el ADN fracturado.

Si el mundo vibra ahí, es porque estamos en un proceso global de reparación profunda.

Pero no todos están dispuestos. También está el otro lado de la moneda, el de un MI que se estanca y no fluye. Es ese Mi necesidad, Mi bienestar, Mi espacio, Mi verdad, con el peligro de convertirse en un grito monótono de individualismo.

Esa es la lucha diaria. Vivimos en una cultura que nos empuja a «sostener» nuestro MI a toda costa, a gritar nuestra verdad, como si fuera la única.

Y, ahí encerrados perdemos la capacidad de escuchar la armonía del conjunto, y el resto del mundo nos suena desafinado y nos volvemos estridentes para todos.

«La verdad que hace libre a los hombres es, en su mayor parte, la verdad que los hombres prefieren no escuchar.» — Herbert Agar.

Nuestra verdad es, por definición, parcial. Antonio Machado decía que «la verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés.» Sin embargo, Machado también sugería que para encontrar la verdad debemos salir de nosotros mismos. Dejar de usarla como un arma para tener la razón, sin el egoísmo que nos hace creer que si cedemos un poco de nuestra verdad, perdemos poder; porque cuando daña o excluye deliberadamente la parte del otro no «salva», se convierte en un Mi sostenido, como metáfora del egoísmo y el miedo que «sostienen» y elevan la tensión, creando disonancia.

Porque no notamos que el miedo nos hace vibrar más rápido, pero de forma errática, que la indiferencia apaga los otros armónicos (la empatía, la escucha) y el resultado es un mundo que suena a «alarma» constante, una frecuencia que nos mantiene en estado de alerta y nos impide conectar.

¿Cómo dejar de vibrar en aislamiento?

Salir del solitario espacio que es nuestra mente, donde nos contamos nuestra historia “personal”, es recordar que es una narrativa cruzada, compuesta de historias propias y ajenas que se tocan, se entrelazan y completan el cuadro al «romper» o esforzar la cabeza para encajar las piezas.

El «pedal» que sostiene la nota tendría que cambiar, ir de la indiferencia a la curiosidad (por la verdad del otro), del miedo a la vulnerabilidad (reconocer que MI verdad es incompleta), del egoísmo a la resonancia (entender que mi bienestar depende del bienestar del conjunto).

La “madurez” se logra al irnos desprendiendo de los límites emocionales, mentales y corporales para permitir que la luz propia irradie, y así lograr alcanzar una visión global de la existencia, donde entendemos que somos parte de una multitud de seres vivientes, por eso lo que damos nos lo damos, lo que no damos nos lo quitamos.

Recuerdo la pregunta que me hacía mi madre cuando yo intentaba explicarme:

«¿Con esta verdad te salvas?»

Un cuestionamiento que es un filtro de calidad existencial, que no pregunta si lo que decimos es empíricamente cierto, sino si es humanamente íntegro, porque puede ser exacta en los hechos, pero estéril en su capacidad de construir.

Podríamos preguntarnos cada uno

¿Sientes que en tu entorno actual hay espacio para esa «verdad compartida», o levantas constantemente muros o encuentras constantemente chocando con muros de verdades absolutas e individuales?

¿Cómo crees que se puede empezar a «desafinar» ese egoísmo para permitir que entre la frecuencia de los demás, sin sentir que pierdes tu identidad en el proceso?

Es tiempo de escucharnos a nosotros mismos, de manera honesta, para percibir y tomar responsabilidad de la frecuencia en la que existimos, porque el mundo no es ni será otra cosa que el resultado de la suma de sus partes.

«Nadie posee la verdad. La verdad nos posee a nosotros, pero solo si estamos dispuestos a abrirnos a ella en el encuentro con el otro.» — Karl Jaspers

Tere Hernández

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