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AUDIOREFLEXIONES CRECIMIENTO EN CONCIENCIA

NO ESTÁS ATENTO

cómo podrá la verdad encontrarte si ni tu sabes dónde te hallas.

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Nietzsche declaró Dios ha muerto, pero “no es Dios quien ha muerto, sino el ser humano al que Dios se revelaba”

Comparto las reflexiones de Byung Chul-Han en el primer capítulo de su libro «Sobre Dios» y en el que retoma la filosofía de Simon Weil, la figura intelectual más brillante del siglo XX, en su opinión.

Ya sabemos que «nos encontramos rebasados por la prisa, la inmediatez, envueltos en una voracidad que carece de toda dimensión contemplativa. Tan voluntariamente disponibles para todo y todos, y tan lastimosamente ausentes para nosotros mismos.

Vivimos consumiendo, queriéndolo todo, en un atracón diario de series televisivas, basura de información y comunicación», frases, cursos, stories… «saltando de estímulo en estímulo, de una información a otra…en una inmediatez en la que cada estímulo se derrama a toda prisa y se desvanece. Su margen de actualidad, extremadamente corto, fragmenta nuestra atención». Todo son distractores que evitan que estemos atentos..

«Y el alma se convierte en un buscador. De ese modo pierde toda serenidad, todo silencio».

No estamos enfermos, estamos distraídos, confundidos, sobrepasados y alejados de la posibilidad del pensamiento profundo y consciente. «Ese es el verdadero virus que se expande, la infección viral que nos socava, debilita» y mata. No nos damos tiempo. Simone Weil atribuye la carencia de presencia de ánimo a “la pretensión de ser activo, de querer buscar”. Sin duda, en este punto coincidiría con Kafka: “quién busca, no encuentra, pero quien no busca es encontrado” {…}

La búsqueda por parte del ser humano sólo conduce al agotamiento.

Lo valioso viene a nosotros sin que tengamos que hacer ningún esfuerzo intencionado {…} el acto más elevado acontece sin que medie un esfuerzo de la voluntad. Se asemeja a una inactividad.

En un cuento de Grimm se celebra un concurso de fuerza entre un gigante y un sastrecillo. El gigante lanza una piedra a una altura tal que tarda mucho tiempo en caer. El sastrecillo suelta un pájaro que no cae. Lo que no tiene alas acaba siempre por caer. Pero el gigante sólo sabe esforzarse con su voluntad, con sus músculos que queda expuesto a la fuerza de la gravedad. Se agota y cae al suelo. Sólo la gracia nos aporta alas. Es la inactividad lo que da alas al alma. El esfuerzo de la voluntad sólo no permite alzar hasta el cielo.”

Espera y paciencia parecen vocablos de otro siglo. “Actitudes del espíritu que nos darían acceso a lo indisponible se están desmoronando.

Pero hay una manera de esperar, como, cuando se escribe, a que la palabra justa venga por sí misma a colocarse bajo la pluma, rechazando simplemente las palabras inadecuadas {…} pero, sin una atención profunda, la lectura se somete a la gravedad y sin verticalidad, se vuelve llana, carente de toda profundidad, – de toda revelación -, de toda elevación.”

Bajo la presión de la actividad y el rendimiento olvidamos la mirada contemplativa y la escucha, qué serían una inacción, una inactividad.

No hay mayor regalo que podemos darnos a nosotros y al otro como la mirada. … esa en la que el alma se vacía de todo contenido propio para recibir al ser que está mirando tal cual es, en toda su verdad, libre de juicios, creencias y resistencias. Pero sólo se es capaz si se tiene atención»

Cuando el otro nos muestra otra perspectiva, solo nos pide mirar desde donde él lo hace. Dar ese paso, movernos, permite el encuentro.

“La empatía como el respeto se basan en la atención al otro. La mirada atenta es una mirada amorosa, amigable… que no me aleja de mi ser. Más bien vela porque me reencuentre conmigo mismo, me ayuda a ser… por eso es una mirada salvadora. Pero, sin atención nos volvemos sordos -y ciegos.

La atención al otro requiere la retirada de uno mismo. Cristo nos enseñó que el amor sobrenatural al prójimo es el intercambio de compasión y gratitud, que se produce como un relámpago entre dos seres… Por ello la atención es la forma más rara y más pura de la generosidad, que se concede como un regalo que no exige retribución ni contrapartida.

Lo que salva es la mirada {…} y el pensamiento sin mirada se asemeja a la inteligencia, al cálculo, que solo resuelve problemas, pero no produce nada nuevo», mientras «la atención produce luz que permite ver – comprender – y discernir.»

Dime a quien prestas atención y te diré quien eres

Pero si “la sociedad se embrutece cuando pierde esa atención al otro – a uno mismo – y esto genera también un incremento de la violencia”, ¿qué podemos esperar del futuro?

Si Simón Weil Constata de manera lapidaria: “el espíritu es atención”, no solo estamos matando nuestro espíritu sino la facultad creadora del hombre y con ello el futuro posible que todos anhelamos.

Dos compañeros alados, dos pájaros {…}

Están posados en la rama de un árbol.

Uno come los frutos,

El otro los mira.

Simón Weil

Tere Hergom.

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