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Durante décadas novelas y películas «de ficción» mostraron un futuro poco promisorio que permeo en el inconsciente colectivo. Para el 2012 el futuro ya era apocalíptico, por la interpretación errónea de la profecía maya, amplificada por los medios de comunicación y la cultura popular. Pero no se trataba de una predicción del fin del mundo sino de un ciclo que llegaba a su fin. Un momento de cambio y renovación.
Sobrevino entonces una ola de interés en la transformación, la conexión con la naturaleza y el cosmos, un despertar de conciencia, y creímos que podríamos construir algo mejor. Pero se hizo patente el principio de polaridad que recuerda que todo tiene dos polos opuestos, como el calor y el frío o el amor y el odio, la luz y la oscuridad.
Hoy “estamos constantemente bombardeados por noticias y narrativas alarmantes: crisis financieras, sanitarias, económicas, conflictos bélicos, tecnologías nuevas, cambio climático…¿Cuál es el peligro de qué creamos en toda esta fatalidad? Qué si creemos que todo esto va a suceder lo haremos realidad, porque somos seres creadores”. (1)
Vivimos atrapados en un estado de hiperalerta. Pasamos más tiempo anticipando tragedias que viviendo y resolviendo en el presente. Como si el guion ya estuviera escrito y nada pudiéramos hacer, pero en realidad lo estamos escribiendo nosotros.
La ansiedad moderna es el sufrimiento ante el futuro. Una mente rumiante que no resuelve nada. Asi lo dice Eckhart Tolle «la preocupación pretende ser necesaria, pero no sirve para nada» porque «lo que tememos, nos persigue».
Pensamos en exceso, alimentamos el miedo, el rechazo y la separación. Cuando la mente negativa se apoderara de nuestros pensamientos, olvidamos el mundo que estamos creando entre todos, con una mente entrenada para anticipar lo peor, que multiplica las sombras y nos impide estar en paz. Porque desconectados de nosotros mismos, en una preocupación constante, quedamos agotados, paralizados e impedidos para ver los caminos alternativos que la vida ofrece.
No estamos destinados a vivir en un futuro oscuro, pero la mente fatalista acaba por comprobar lo que cree.
La falta de esperanza nos hace olvidar lo que Séneca decía hace muchos años “hay más cosas que pueden asustarnos que aplastarnos” porque «la mente es un amigo para quien la controla y un enemigo para quien no lo hace» decía Bhagavad Gita.
La mente crea mundos
“El ser humano posee una mente muy poderosa pero también unos filtros tremendamente eficientes que evitan sobrecarga de estímulos. Una realidad filtrada, tema recurrente en textos de la antigüedad. El Vedanta hindú, que había inspirado a grandes físicos teóricos como Niels Bohr o Erwin Schrödinger, describía la mente física como un factor limitante que podía percibir sólo una fracción de la conciencia universal y era conocida como Brahman. Los sufíes definían la mente como un velo que ocultaba la luz de la conciencia divina. Los cabalistas la describían como una klipot, una suerte de barrera metafísica que impedía que la luz divina llegara a una persona. Y los budistas explicaban que el ego era un lente deficiente que nos hacía sentir que estábamos separados del universo: Uni-versum, literalmente todo en uno {… } El cerebro no es más que un receptor inimaginable mente complejo y avanzado que escoge qué señales específicas quiere recibir de la nube de la conciencia global existente. Igual que una señal Wi-Fi, las ondas de la conciencia global siempre están ahí, a nuestro alrededor, intactas, tanto si se accede a ellas como si no ” (2)
Nuestra mente positiva permite entender la crisis como portal de metamorfosis.
Bruce Lipton sostiene que «estamos viviendo un momento de caos fértil que puede convertirse en oportunidad. La crisis nos obliga a cambiar. Pero la verdadera transformación -la más profunda- ocurre en la mente. El misticismo oriental o fórmula de manera sencilla: “si quieres cambiar el mundo, cambia tu corazón”. El cambio externo sin cambio interno es sólo maquillaje. Es la metamorfosis incompleta de Kafka: un cuerpo que muta pero la conciencia está atrapada.
Jesús lo dijo de manera simple: “a cada día le basta su propio afán”, y no se trata de una nueva lista de todo lo que debemos hacer sino de lo que podemos dejar de hacer, porque claramente lo que sea que estamos haciendo no funciona.
Así como cada pensamiento fatalista refuerza la ansiedad colectiva, cada pensamiento consciente abre espacio para nuevas posibilidades. Abrir nuestra mente mantiene el diálogo, el aprendizaje y el entendimiento, por qué “somos lo que pensamos. Con nuestros pensamientos construimos el mundo” Dhammapada.
El mundo es un prisma de varias caras, así cada aspecto o punto de vista sobre el mundo es una cara diferente de un prisma tridimensional.
«Los fractales poseen una propiedad sorprendente: cuándo ampliamos cualquiera de sus partes, el resultado es una réplica exacta del conjunto, en una interminable repetición telescópica de autorreferencias; en otras palabras, cada porción individual contiene el todo. No existe el individuo, Sino sólo el conjunto. En la actualidad cada vez más físicos creen que nuestro universo está organizado como un fractal, lo que permitiría pensar que cada persona en esta sala contiene a todas las demás y que no hay separación entre nosotros: Somos una única conciencia.» (3)
«Llegará un día, como dijo Merlín, que te darás cuenta que todo el universo vive dentro de ti. Y entonces serás un Mago. Cómo mago no vives en el mundo, el mundo vive dentro de ti»
Tere Hergom
Bibliografía
elclubdeloslibrosperdidos.org/2018/04/el-antidoto-de-seneca-para-calmar-la.
- Javier Requeijo Fernández
- Dan Brown. El último secreto
- Dan Brown. El último secreto