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AUDIOREFLEXIONES CRECIMIENTO EN CONCIENCIA

POR LA MISMA PUERTA

que salen los miedos, entra la felicidad.

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La puerta es umbral, tránsito, pero también está ligada simbólicamente a la idea de casa, patria o mundo que abandonamos, 0 a los que entramos, a los que volvemos, pasando siempre a través de ella. 

Las puertas nos cautivan porque despiertan nuestra curiosidad… ¿a dónde me llevará si entro?

Construimos puertas que de tan pequeñas nos hacen inclinarnos, o tan grandes que nos hacen sentir pequeños. Abrimos puertas para recibir, pero también las cerramos para despedir lo que acabó. La puerta estrecha implica dificultad para adentrarse, como en los grandes misterios, mientras que las más amplias invitan a entrar sin mayor esfuerzo.

Las puertas dan acceso no solo a habitaciones físicas, sino a las interiores, a ese hábitat donde guardamos y resguardamos nuestros amores, sueños y anhelos, y por desgracia, también nuestros enojos y miedos.

Hay dos palabras que te abrirán muchas puertas: «tire y empuje»

Y es que no toda puerta debe abrirse pero siempre hay puertas que deben cerrarse, lo que implica reconocerlas, tomar una decisión y tener el coraje para hacerlo.

Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados. Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales (a veces los muertos andan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición…).

La carretera era muy larga y colina arriba. El sol era muy intenso, y ellos estaban sudados y sedientos. En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro. El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló, con él, el siguiente diálogo:

– “Buenos días.”

– “Buenos días”, respondió el guardián.

– “¿Cómo se llama este lugar tan bonito?”

– “Esto es el Cielo.”

– “¡Qué bien que hayamos llegado al Cielo, porque estamos sedientos!”

– “Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera. Y el guardián señaló la fuente.”

– “Pero mi caballo y mi perro también tienen sed…”

– “Lo siento mucho”, dijo el guardián, “pero aquí no se permite la entrada a los animales.”

El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo. Dio las gracias al guardián y siguió adelante.

Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles. A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente dormía.

– “Buenos días”, dijo el caminante.

El hombre respondió con un gesto de la cabeza.

– “Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo.”

– “Hay una fuente entre aquellas rocas”, dijo el hombre, indicando el lugar. “Podéis beber tanta agua como queráis.”

El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed. El caminante volvió atrás para dar las gracias al hombre.

– “Podéis volver siempre que queráis”, le respondió éste.

– “A propósito ¿cómo se llama este lugar?”, preguntó el hombre.

– “El Cielo.”

– “¿El Cielo? ¡Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!”

– “Aquello no era el Cielo. Era el Infierno”, contestó el guardián.

El caminante quedó perplejo.

– “¡Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡Esta información falsa debe provocar grandes confusiones!”, advirtió el caminante.

– “¡De ninguna manera!”, increpó el hombre. “En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos.”

Paulo Coelho

Quedarse en el lugar «inapropiado» – que es más un inside que un outside -, no solo nos debilita, sino que nos hace dejar de creer que otra realidad es posible.

Y es que es más fácil no creer que creer, porque creer implica arriesgarse, sentir la atracción e ir en pos de un llamado interno que atrae y no es fruto del razonamiento. Esa fuerza se llama fe, un «super poder» que nos impulsa a confiar y sentir esperanza de nuevo. Al movernos se dibuja la senda y llega la comprensión de lo vivido que todo lo desvanece, porque «al comprenderlo todo, perdonamos todo», sobre todo a uno mismo. (1)

En tu espíritu se depositó Su propia fe, la cual produce vida y es tu servidora, pero tú debes comandarla.

La fe obra por el amor.

Por ello el cuento del filósofo que le dice al discípulo que, antes de contarle algo negativo que escuchó sobre él, debe pasarlo por tres puertas: 1) que sea verdad, 2) que sea bueno, y 3) que sea necesario. Como el discípulo no puede pasar lo que escuchó por esas tres puertas, el filósofo le dice que es mejor olvidarlo.

Por tu boca hablará tu espíritu. Hay que recordar que «las palabras son contenedores espirituales…pueden estar llenas de fe o de temor» (4). Ahí reside la elección y responsabilidad personal, porque «abrir» nuestra mente a un montón de letras vacías y arbitrarias nos hace creer que el caos esta afuera, como cuando elegimos comer algo que sabemos nos cuesta digerir y pronto nos indigesta o regresa a la garganta con un ardor que quema, y queremos pensar que nos sentimos obligados a comerlo, pero al final fuimos nosotros quienes se llevaron ese bocado a la boca.

Recuerda que «en puerta cerrada, no entran moscas»

Tere Hergom.

  1. El loco de Dios en el fin del mundo. Javier Cercas.

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