Categorías
AUDIOREFLEXIONES CRECIMIENTO EN CONCIENCIA

DECIDE

No hay que olvidar que hay charlas que nos sacan una mochila gigante del alma.

Photo by Andrea Piacquadio on Pexels.com

AUDIO

Nadie que lo haya vivido negará el poder sanador de ser escuchado. Poder expresar lo que se siente es profundamente liberador.

Pero hemos dejado de escuchar, ahora nos enviamos mensajes… textos, audios, de gran utilidad pero que a veces, generan malos entendidos.

Encontrarse para hablar o llamar, y oír la voz del otro, sigue siendo la mejor forma de comunicarnos.

Es verdad que no siempre tenemos disponibilidad, por muchas razones, por ello hay que acordar un momento que sea correcto para ambos.

Ser escuchado es una necesidad fundamental humana que en muchas situaciones se manifiesta como»urgente», son momentos de estrés, decisiones importantes o cuando se enfrentan problemas emocionales.

Sentirse escuchado genera una sensación de dignidad, de respeto y conexión. restaura la autoestima y, al lograr la «común-mente», se mejora la relación con el otro.

Pero escuchar no siempre es fácil para las personas más queridas y cercanas a nosotros. La intensidad de los sentimientos y las emociones involucradas, la intimidad y la importancia que el otro tiene para el que sufre, pueden hacer que las expectativas sean tan altas, que la comunicación se vuelva mucho más compleja.

Y es que no es posible entender lo que no se ha vivido. Lo que se puede comprender son las emociones que el otro expresa, sin hacer juicios o conjeturas, acerca de la situación o evento que lo ha llevado a sentirse así. La errónea interpretación de las señales crea conflicto.

Cada uno experimenta desde «su propia piel». Hay quienes con un simple roce, su piel se eriza. otros no sienten ni un cuchillo, porque han desarrollado una coraza. Hay quienes experimentan una gran dificultad para expresar sus sentimientos o necesidades, mientras otros requieren expresarse tanto como respirar. Pero lo que es común para todos es la necesidad de sentirse en un espacio cómodo, seguro y de confianza, para poder sincerarse con el otro.

Que las relaciones cambian no es noticia para nadie. Cada evento o crisis, se convierte en un desafío que nos cambia y en una posibilidad de actualizar cualquier relación.

Hablar es una necesidad. Escuchar es un arte.

Ofrecer «nuestro tiempo» a otro para que exprese lo que siente es un gran regalo, porque no hay mayor sanacion que ser escuchado con atención y cariño.

Alguna vez leí de un local, una cafetería, en la que existían sillas rojas y sillas azules. La propuesta era que en las sillas rojas se sentara la gente que necesitaba hablar. Las sillas azules eran para las personas dispuestas a oír.

Pero no solo se necesita escucha. Oculta quizá está la necesidad de cercanía, comprensión y apoyo. Y una mirada diferente que permita encontrar nuevas opciones.

Recuerdo un cuento que habla de la importancia de estar acompañados.

Un hombre que viajaba mucho y había vivido muchísimas experiencias, contó una vez esta historia sobre algo extraño que le sucedió:

De entre todos los países que había visitado, recordaba de forma especial el País de las Cucharas Largas. Había llegado a ese país de casualidad. En realidad iba a Uvilandia Paraís, pero en un cruce de caminos, torció hacia el «País de las Cucharas Largas».

Al final del camino, se encontró con una casa enorme. Estaba dividida en dos pabellones: uno al oeste y otro al este. Aparcó el coche y salió por delante de la casa. Había un cartel que decía: “País de las Cucharas Largas”.

En la casa solo había dos habitaciones: una habitación negra y una habitación blanca. Un largo pasillo conducía hasta ellas. A la derecha se encontraba la habitación negra y a la izquierda, la habitación blanca.

Primero Torció hacia la habitación negra. Pero de pronto, y antes de llegar a una puerta muy alta, escuchó algunos quejidos y gritos lastimeros a: ¡¡¡¡ayyyyy!!!! , gritaban desde el otro lado de la puerta.

Los quejidos y gritos de dolor le hicieron dudar, pero siguió adelante. Al entrar, se encontró una mesa muy larga, con cientos de personas alrededor. El centro de la mesa estaba lleno de fantásticos manjares, los platos más suculentos y apetecibles. Pero, aunque cada uno tenía una cuchara con el mango muy largo atado a la mano, todos se morían de hambre.

¿La razón? Tenían unas cucharas cuyo mango era el doble de la longitud del brazo. Todos alcanzaban la comida, pero luego no podían llevárselo a la boca. La situación era desesperante, y los gritos de angustia y hambre de las personas le hicieron alejarse a grandes zancadas de aquí. 

Entonces fue a buscar la habitación blanca, justo al lado opuesto. Lo primero que le llamó la atención al avanzar por el largo pasillo fue el silencio. No escuchaba gritos de lamentaciones. ¡Cuál fue su sorpresa al entrar y ver!, igual que en la otra sala, había una enorme mesa, con manjares en el centro. Todos tenían la misma cuchara larga atada las manos. Sin embargo, no morían de hambre. Porque cada uno tomaba el alimento del centro y le daba de comer a la persona que tenía enfrente. De esa forma todos podían comer.

El país de las cucharas largas, un cuento sobre la empatía.

Este cuento de Jorge Bucay nos habla de la empatía, una habilidad social que parece extinta en nuestros días.

Leí hace unos días que Oír es, para la mayoría de nosotros, un acto natural, pero escuchar con atención y presencia requiere práctica e intención.

Tere Hergom.

3 replies on “DECIDE”

Deja un comentario