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AUDIOREFLEXIONES CUENTOS CORTOS

A ORILLAS DEL VIENTO

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 Aquella era una tarde tan gris como el sentimiento que la invadía. Era el último adiós.

Ahí parada, a la orilla del viento, cada soplo traía y llevaba consigo los recuerdos de su vida.

Los  amigos la rodearon. Sintió una mano sobre el hombro que intentaba darle fuerza, y por un momento quiso volver  a ser la niña que lograba resguardarse en los brazos de su padre. Pero ya no era posible.  Ahora, y con la edad suficiente para hacerse cargo de su vida, debía afrontar ese último momento.

Llegado el punto, pronunció unas palabras, que una ráfaga arrebató de su boca para depositarlas en el lecho.

No fue fácil volver a casa y tampoco lo fue levantarse día tras otro con la pesadez de la añoranza. No obstante, y haciendo acopio de toda su incapacidad,  giró la perilla de la puerta y entró en esa habitación ya vacía.  Increíblemente, y habiendo pasado varias semanas, aun guardaba su aroma.

No supo cuanto tiempo se quedó sentada sobre la cama, abrazando la almohada que, en un acto de generosidad,  logró embeber todas sus lágrimas.

Al  fondo, la vieja mesa sobre la que él escribía, aun sostenía la antigua máquina y un cúmulo de papeles.

Sus recuerdos la llevaban siempre a orillas de aquél mueble, donde él pasaba tantas horas sentado, a ratos escribiendo y otros, a veces muy largos, con la vista fija en la nada, rebuscando entre el razonamiento y el ingenio.

Mientras mantenía su vista fija en los papeles,  en su mente resonaron las palabras de su padre: “nacen blancas para que podamos dibujar en ellas nuestros sueños, olvidar nuestros sinsabores y compartir cuanto sentimos

Leyó detenidamente varios de sus escritos que confirmaban su convicción y su carácter.

De pronto la puerta se abrió de golpe. El viento que soplaba con fuerza afuera, hizo volar los papeles por todo el cuarto. Tras correr a cerrarla, se arrodilló a recolectar, una a una, cada hoja. A su mente acudió la imagen de su padre juntando las paginas que habían caído al suelo por torpeza de ella. Era tan pequeña que le parecieron millones de papeles.

–¿Papá, por qué escribes tanto? –le preguntó

Sentados en el suelo, la miró y dijo:

–La vida es como un soplo: a veces como viento fuerte que nos hace cerrar los ojos, otras como una brisa suave que nos acaricia y refresca. Como sea, es aire al fin, que se lo lleva todo.

–¿Se lleva tus hojas?

–No solo eso, se lleva las palabras y lo que quisimos decir, y a veces, hasta los momentos en que hubiéramos querido decirlas…..

Tere Hernández.

Noviembre, 2007. Modificado 02 de junio de 2025

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