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CRECIMIENTO EN CONCIENCIA

LA SAL DE LA TIERRA

Donde hay sal, habrá algo que guisar.

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Si bien “todo tiene su tiempo, y todo lo que se requiere debajo del cielo, tiene su hora“, debemos recordar que nuestros actos de hoy tienen un fruto mañana.

Muchos de nosotros hemos escuchado la frase “Hay más tiempo que vida“ que a veces oculta una negligencia respecto a nuestras decisiones, porque vivimos un tiempo de confusión y contradicciones que nos demanda accionar el sentido común para revaluar la información que ha guiado muchas de nuestras elecciones.

Leí una nota que decía: «El 90% de los «alimentos» que se venden hoy en los supermercados no existían hace 90 años. ¿Adivina qué más?, el 90 % de las enfermedades a las que nos enfrentamos hoy en día tampoco existían. Piénsalo.»

Además de revisar lo que comemos habría que pensar en lo que hemos dejado de consumir.

Ese es el caso de la sal que ha sido erróneamente desacreditada.

¿Qué pasa cuando una persona va a una sala de emergencia, con un problema serio de salud?, ¿que es lo primero que le ponen?: una solución salina para devolver la fuerza y la energía al cuerpo.

En la antigüedad, la sal significaba algo más allá de dar sabor a los alimentos. Era difícil de conseguir, pues el proceso era largo y lento para obtener. Los antiguos romanos pagaban a sus soldados con sal, así la palabra se asoció con sueldo “salarium”.

En Mesoamérica “La sal se convirtió en un bien de prestigio que se entregaba como tributo, como regalo en alianzas matrimoniales y como elemento de tipo medicinal y ritual, no necesariamente para consumo” Blas Castellón, Arqueólogo.

«El alto valor de la sal puede hacernos comprender con facilidad que el hecho de que ésta se cayese al suelo durante un trueque o un intercambio fuese considerado casi una tragedia, el paradigma de la mala suerte para la persona que por desgracia derramaba el preciado tesoro. Y es que, desafortunadamente, la sal no se puede recoger del suelo con la facilidad con la que se recogen un puñado de monedas de oro. También está el acto representado por Leonardo da Vinci en su famosa pintura cuando Judas Iscariote derramó con el codo la sal de un salero.» asosalimar.com

La sal que representa lo divino ha sido utilizada desde tiempos antiguos por su poder único. ¿Qué implicaciones tiene la sal para nuestra salud?

Desde hace unos años la recomendación por parte de la ciencia médica ha sido reducir nuestro consumo de sal: no más de una cucharadita al día para tener un corazón sano. El resultado de las «estadísticas“ ha dejado el salero fuera de la mesa y la sal «benéfica» casi fuera de nuestra vida.

A lo largo del siglo XVII, la persona promedio consumía 100 g de sal por día. Hoy en día, la mayoría de las personas consumen 10 g de sal por día o menos; sin embargo, tenemos tasas mucho más altas de hipertensión.

El aumento de las tasas de hipertensión, obesidad y diabetes a partir de principios del siglo XX, es en realidad paralelo a la disminución en el consumo de sal, porque el uso del refrigerador era cada vez más frecuente en los años 30 y 40.

Hoy la mayoría de los alimentos procesados se encuentran cargados de azúcar agregado y aceites nocivos, mientras que prácticamente no contienen grasas saturadas ni sal natural sin procesar.

Cuando disminuyó la cantidad de sal presente en los alimentos procesados, muchos fabricantes comenzaron a agregar glutamato monosódico, un potenciador del sabor asociado a la obesidad, cefalea, daño ocular, fatiga y depresión.

Se suponía que la sal era la sustancia blanca adictiva, pero, en realidad, fue el azúcar durante todo el tiempo.

Por otro lado, una alimentación a base de alimentos enteros es baja en sodio, ya que contienen poca sal, si es que la tienen. Por lo tanto, si se evita consumir alimentos procesados, no habría prácticamente ningún riesgo en consumir una cantidad elevada de sal.

Llevar una alimentación a base de alimentos enteros asegura una proporción más adecuada de sodio y potasio.

Los síntomas de la deficiencia de sodio incluyen fatiga muscular, espasmos, calambres y palpitaciones cardiacas. Éstos desaparecen al agregar una mayor cantidad de sal en los alimentos.

No consumir suficiente sal podría incrementar los niveles de cortisol, la hormona del estrés fundamental para la salud, y la energía se obtiene de los músculos, se daña el tejido del cerebro y acelerar el envejecimiento.

Sabías que…

Si bebes cuatro tazas de café en un día, podrías eliminar fácilmente más de una cucharadita de sal a través de la orina en las siguientes cuatro horas.

Uno de los métodos más sencillos para remineralizar el agua es añadir piedras minerales o una pizca de sal Rosa del Himalaya a tu agua purificada. Colocar sal debajo de la lengua y luego tomar agua es una práctica recomendada para hidratar el cuerpo y reponer minerales esenciales.

Tu cuerpo tiene un «termostato de sal» incorporado que, básicamente, te indica cuanto necesita al regular tus antojos de sal. Por lo tanto, debes aprender a escuchar tu cuerpo y recordar que si sudas profusamente por ejercicio, por uso de sauna o por bebidas con cafeína, automáticamente necesitarás una mayor cantidad de lo habitual.

El baño con sal ademas de ser muy relajante  tienen un gran poder desintoxicante y alcalinizante.

Cuidado no toda la sal es la misma.

La sal de mesa refinada es casi, en su totalidad, cloruro de sodio con alguna sustancias químicas artificiales. Para optimizar la salud hay que usar un tipo correcto de sal y mantener equilibrio con el consumo de potasio. La sal del Himalaya y la sal Redmond contienen una excelente cantidad de yodo. La sal de Redmond contiene más calcio y magnesio en comparación con la del Himalaya.

El doctor James Dinicolantonio en su libro “the salt Fix” muestra cómo comer la cantidad correcta de este mineral ayudará a vencer los antojos de azúcar, perder peso, mejorar el rendimiento deportivo, aumentar la fertilidad y prosperar con un corazón sano.

Un estudio que analizó datos de 181 países mostró que consumir más sal se relacionó con una mayor esperanza de vida, una mejor salud y menores tasas de mortalidad.

Por supuesto esto no incluye a poblaciones sensibles a la sal que podrían necesitar limitar su consumo.

Pero la sal va más allá de algo que podemos o no consumir

La sal se menciona en varios textos antiguos por sus propiedades conservantes, porque se utilizaba como símbolo de estabilidad y permanencia.

En la relaciones se creía que compartir una comida sazonada con sal, creaba un “pacto de sal“: la promesa, irrevocable de honrarse y seguir siendo amigos fieles para siempre.

El voto de la sal entre dos personas que compartían sal significaba que tenían que defenderse y apoyarse mutuamente, incluso si hubieran sido enemigos. Bibleref.com

La sal simboliza la amistad, la fidelidad y la lealtad, y también es símbolo de algo bueno y puro que podría corromperse.

Esto se puede encontrar en la expresión de Jesús del sermón de la montaña: “somos la sal de la tierra“. Porque nos toca «condimentar» nuestra vida y nuestras relaciones, «preservar» el amor con que acometemos cada acto y enunciamos cada palabra, y «purificar» nuestros pensamientos.

Es innegable como ha sido vista como un elemento poderoso en muchas culturas, tanto para bendecir como para maldecir, porque todo lo sagrado o significativo puede ser mal utilizado.

La expresión “poner sal en una herida“ que suele asociarse algo negativo, de hecho significa limpiar heridas, no empeorarlas.

Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con que la salarán? – refiere a la palabra falta de viveza -. No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Recordemos entonces estas palabras: “Tened sal en vosotros mismos y tened paz unos con otros

Tere Hergom.

Texto basado en:

Dr. Joseph Mercola fundador de Mercola.com Médico osteópata, autor de la lista bestseller y ganador de múltiples premios en el campo de la salud natural, su objetivo principal es cambiar el paradigma moderno de salud al proporcionarle a las personas un recurso valioso que les ayude a tomar control de su salud. https://www.tomecontroldesusalud.com/

Tha Salt Fix. Dr. James Dinicolantonio. La solución de la sal: por qué los expertos se equivocaron y cómo comer más podría salvarle la vida.

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