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CRECIMIENTO EN CONCIENCIA

VÉRTIGO

“La angustia es el vértigo de la libertad.” — Søren Kierkegaard

Un verdadero cambio inicia al liberar toda idea preconcebida para transformar nuestra mentalidad y perspectiva.

Cuando pensamos en cambiar, en dar una “nueva vida” a algo, el primer impulso es derribarlo todo. Pero destruir siempre crea escombros.

Es síndrome de este tiempo echar todo abajo, incluso las estructuras firmes que nos han sostenido por años. Y todo esto tiene un costo, el cambio de la fisonomía del mundo que conocíamos y el que supone volver a construirlo todo.

Hay que dejar de demoler y empezar a deconstruir, que no va de tirar el pasado, sino de desmontar para mirarlo todo con la sabiduría adquirida para actualizar.

¿Qué se desmonta? Todo lo que creíamos definitivo

Al iniciar la deconstrucción se va develando como están construidas las cosas. No solo se deconstruyen los espacios físicos, también los internos. Deconstruir el amor no es destruir el amor, sino comprender que hay otras formas; deconstruir la familia, no es destruir la familia; deconstruir una profesión, no es destruirla; deconstruirse uno mismo no es ser otro.

Echas una nueva rama, pero eres el árbol, no las ramas que estás podando.

El movimiento es cambio, ese “agente perturbador“ que parece ponernos de cabeza, que nos sacude y agita, incómoda y contrapone todo lo necesario para el propósito de transformación.

Cuando nuestra experiencia del orden queda fuera de quicio: ¡como no temblar! Podemos correr a sujetarlo todo o permitir que se mueva todo de una buena vez.

Esta es mi experiencia, el camino que hoy recorro, entre el ánimo de seguir y el soltar el control, que no es tarea fácil. Aparece el vértigo porque no solo se prolonga el esfuerzo, físico y emocional sino también el suspenso, y hace urgente “conservar la calma”; pero no la que hemos creído como tranquilidad y sosiego, sino la que se logra en medio de la inquietud.

Esa «calma chica, enemiga terrible de la navegación a vela, que no significaba otra cosa que la quietud del aire {…} Para un contemporáneo de Lope o Calderón calma significaba exactamente: suspensión angustiosa, dolorosa inquietud… Estar en calma, no era estar tranquilo, sereno, sosegado…por el contrario, estar en vilo, como suelen decir.

El hecho de que una palabra llegue a expresar precisamente lo contrario de lo que significó en su origen es por todo raro y extraordinario” (1), como muchas otras palabras, resultado de la adaptación a los tiempos, ha perdido su significado, propósito y vocación. Parece que también son tiempos de derribar el lenguaje.

Pero éste «mantener la calma” desarrolla el temple para no rendirnos. Es guardar el ímpetu, los arrebatos, “los prontos“ que, como la palabra expresa, se adelantan en un intento por terminar pronto y de cualquier forma, y con el consabido riesgo de perder la oportunidad de construir, con determinación y coraje, la vida que deseamos y merecemos.

Movernos por ese “no quiero más de esto”, “voy por lo que deseo” es un acto de valentía, un pasillo que caminas con quienes coinciden o conoces en él, un compañerismo que valoras y agradeces mas que nunca.

La vida no es destino, sino propósito

Y es claro que habrá malestar y que no es grato pero también es inevitable si el deseo es el de una verdadera transformación. Pero hoy lo evitamos «a toda costa», y todos damos soluciones, prescribimos analgésicos y remedios inmediatos, y hasta nos separamos de aquel cuyo temblor amenaza con delatar el nuestro. Pero hacernos parar, para observar y replantear, es su objetivo; como cuando era natural permanecer en cama unos días por un resfriado.

No hay parto, sin dolor parece hoy no tener cabida en un mundo de anestesia y de desechos, de prisa e inmediatez, de discursos “a veces zen” para lograr adaptación-aceptación. También el discurso de la positividad sin profundidad parece urgir por escapar de esa quietud exasperante.

Y por «que todo cuadre” resulta difícil no agotarse, por ello hay que “darnos tiempo”. Así reza otro refrán: Vísteme despacio que tengo prisa que viene a decirnos que es mejor no apresurarnos para asegurar que las cosas estén bien, especialmente cuando debemos tenerlo «todo a punto en poco tiempo».

El cuerpo físico es el único que está ahí, experimentando el presente, el emocional se nos escapa al pasado mientras el mental ya vive en el futuro. Vivimos disgregados en nosotros mismos y crea confusión. Por ello hay que confluir con » todo» en el instante presente, un “solo por hoy“, paso a paso porque el mañana se construye de los muchos ahoras.

“Se ha de aprender a ver, se ha de aprender a pensar, se ha de aprender a hablar y escribir… Aprender a ver: habituar el ojo a la calma, a la paciencia, a dejar que “las cosas se nos acerquen”; aprender a aplazar el juicio, calmar los miedos, dejar de querer hacerlo todo, rápido y bien. Ese “dejar que las cosas se nos acerquen” del que habla Nietzsche, es un intervalo precioso entre la anticipación y el hecho en sí, entre el pensamiento y el acto, una especie de vacío {…} que puede llenarse inesperadamente por las aguas dulces y a veces intempestivas de la existencia plena” (2)

A quienes como yo han sentido el vértigo ante el movimiento, quizá les aliente la metáfora de navegar: al mantener la mirada al frente éste amaina, y mejora mas cuando inicia la travesía, nada que ver con el mareo que se experimenta cuando aún no hemos logrado zarpar.

Permanezco «en vilo», atenta al momento de avanzar. Y recuerdo que todo pasa. Nada escapa el ciclo constante de la vida. Todo comienza, termina y vuelve a empezar.

«En cualquier momento que comience es el momento correcto». Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuándo comenzará» es la Tercera Ley de la Vida.

No te rindas, aun estas a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frio queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo tambien el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.

Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.

Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos,

No te rindas por favor no cedas,
aunque el frio queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque cada dia es un comienzo,
porque esta es la hora y el mejor momento,
porque no estas sola,
porque yo te quiero. 

No te rindas. Mario benedetti

Tere Hergom

Gracias por acompañarme y compartir. ❤️🙏🏻

Bibliografía:

  1. cvc.cervantes.es/literatura/criticon/PDF/096/096_181.pdf
  2. culturainquieta.com/estimulante/que-la-prisa-por-hacer-no-nos-impida-ser-sobre-el-gran-consejo-de-nietzsche

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