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CRECIMIENTO EN CONCIENCIA

PODER VS. DIGNIDAD HUMANA

No son distintos los poderosos de hoy de los fariseos, escribas y romanos que sometían a su pueblo en tiempos de Jesús.

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Frente a un mundo que se cierne, en un intento de poder absoluto sobre la dignidad humana, debemos levantarnos de nuevo.

Los seres humanos vivimos normalmente en medio de complejas relaciones de poder. Entre la autoridad legítima, frente a la “dominación“ ilegítima o impuesta por la violencia.

El Mesías que se esperaba era uno que vendría a liberarlos de los romanos, pero el mensaje de Jesús hablaba de amor, paz y compasión, de una realidad más allá de este mundo. Palabras que no serían entendidas por todos, que cuestionaron los privilegios de los sacerdotes judíos que prefirieron hacer oídos sordos y cerrar los ojos a la realidad de la que hablaba, y lo convirtieron en su enemigo.

Porque Jesús posee una insólita autoridad, que el pueblo percibe con asombro, que atrae, y que las autoridades consideran un peligro e intentan desacreditarle.

Dos elementos clave, relacionados con el poder, son que Jesús anuncia el Reinado de Dios y que fue crucificado.

El Reinado de Dios suponía la confrontación con los imperios que habían oprimido con su poder al pueblo judío. La propuesta de Jesús resultaba profundamente contracultural pues implicaba un cambio radical de los valores. La cruz de Jesús es la reacción del poder (el romano y el judío subordinado), que se vio amenazado.

Mientras su autoridad sorprende a todos, su renuncia al uso del poder decepciona, pero ambas actitudes son inseparables.

La incomprensión total de los discípulos se debió a que “ellos no entendían lo que les decía, y temían preguntarle“ y “no recordaron y entendieron las palabras de Jesús, hasta después de su resurrección.“

Y tampoco los discípulos corrieron con mejor suerte, ni persona alguna que ha osado contravenir a los intereses de aquellos que “dirigen“ el destino de los hombres. Conforme cumplieron con su comisión de predicar el evangelio de Jesucristo, afrontaron oposición y persecuciones.

La semana santa que conmemora la pasión de Cristo, en la resurrección da esperanza.

La palabra resurrección proviene del latín resurrectio, que quiere decir levantarse de nuevo, resurgir o alzarse una vez más. Es un recordatorio diario de que este mundo está para algo mejor… Algo más hermoso.

Resistencia y esperanza que implican fraternidad, superar las relaciones de poder: cambiar la sociedad es el proyecto de Jesús.

El relato evangélico no solo insiste, sino que profundiza en el poder, como tentación y en el servicio como actitud.

“ Lo que parecen ser jefes (es la traducción exacta: oi dokountes arjein) de las naciones las dominan como señores absolutos y los grandes las oprimen con su poder…” La expresión “parecen ser jefe” está cargada de ironía y profundidad. Parecen ser jefes, tener el poder, pero, en realidad están atrapados y son piezas de un sistema de dominación al que sirven, y del que no pueden escapar, lo que tampoco les exime de responsabilidad.

Entender una autoridad sin poder coercitivo, no es de este mundo.

En cambio, la autoridad de Jesús es autoridad moral. Es la autoridad de la verdad, de la autenticidad, de la ejemplaridad. Pero respeta absolutamente la libertad. Más aún, rechaza el poder coercitivo, que usa la fuerza, como una tentación, como algo que le desvía de su camino. El poder fue la gran tentación de Jesús. Le tientan para que recurra él, con toda su dimensión histórica y coercitiva, la gente que le quiere hacer rey, el diablo, sus discípulos, los que se burlan a los pies de la Cruz.

Y Jesús nos dejó el mensaje:

“Si alguno quiere ser el primero, será el último y servidor (diákonos) de todos. Un mensaje siempre interpelante, que denuncia la inhumanidad y nos cuestiona desde el prójimo.

La ley del talión: “ojo por ojo y diente por diente“ inscrito en el antiguo testamento, no era una ley de venganza sino de equidad: estaba destinado a que los jueces nombrados no impusiera un castigo demasiado severo.

El mensaje de Jesús es claro: “todo lo que deseéis que os hagan los hombres, así hacedles también vosotros a ellos“: se trata de la llamada “regla de oro“, nos hallamos ante una norma ética, que puede ser considerada un patrimonio de la humanidad.

Vivimos tiempos convulsos. Lo que ocurre en la sociedad civil, en la política, en la economía y en otros aspectos, queda repercutiendo en lo íntimo de cada uno, haciéndonos sentir a muchos tremendamente vulnerables. Una tentación ciertamente ante todo lo que ocurre es refugiarse en las propias convicciones de siempre, pero la situación que vivimos hay que darle la cara. Y eso se hace con discernimiento espiritual.

Jesús dice: “cuidados de los profetas que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces“. En la amenaza que suponen los falsos profetas por su engañosa práctica, Jesús da un criterio de discernimiento: “sus frutos”, es decir sus obras. Dado que las obras proceden del corazón, y el corazón de los falsos profetas es el de un lobo, es decir, con intenciones perversas, sus obras los dan a conocer.

“De lo que rebosa, el corazón habla la boca“ en su discurso final, contra escribas y fariseos, les dirá: “vosotros parecéis por fuera justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad”

Existen dos fuerzas, dos caminos. Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que conduce a la perdición, y muchos son los que entran por ella; “qué estrecha es la puerta y que angosto el camino que conduce a la vida y pocos son los que lo encuentran.»

Jesús es Vida, en cuanto ejemplo de cómo puede vivirse la experiencia humana, significando a la persona, no cejando en la pugna contra las órdenes que reproducen injusticia y pobreza entre las naciones, desechando la violencia como herramienta de cambio y creyendo que la comprensión y simpatía con el otro, incluido tu enemigo, solo es milagro en la medida que los hombres la ponen en práctica.

Lo revolucionario, lo novedoso, lo inédito que la vida y obra de Jesús supone en la historia, es que sintetiza, concilia y sublima la reflexión sobre la humanidad, estableciendo que, aunque destructiva por su misma naturaleza, la especie humana puede superarse hasta rozar la utopía de igualdad, justicia y amor.

Es posible una sociedad alternativa realmente a la establecida, existen más posibilidades de las que puede contabilizar un mero cálculo racional realizado sobre los datos tangibles del presente. Esto hay que hacerlo sin precipitaciones, sin olvidarnos de las limitaciones de lo humano, también de la convivencia en la que inevitablemente se da el poder, que tiene que ser aceptado en su provisionalidad, regulándolo y controlándolo, para que sea, en lo posible, más libre y menos forzado, sobre todo más fraterno y menos jerárquico.

Tan único y tan potente fue el mensaje de Jesús, que 2000 años después se mantiene a la vez como luz, como faro y como acicate en la conciencia universal. La actualidad de sus enseñanzas cabe en sus palabras: “yo soy el camino, la verdad y la vida.“

Texto basado en:

-scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0049-34492014000100005

-laprensagrafica.com/opinion/El-mensaje-de-Jesus-se-mantiene-tan-actual-como-comprometedor-20220413-0066.html

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