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CRECIMIENTO EN CONCIENCIA

EL ENGAÑO DE LA MEMORIA

Nuestros pensamientos están llenos de trampas.

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Nuestra vida se basa más en cómo se “codifican” nuestros recuerdos que en lo que hemos vivido.

Las estadísticas muestran que un 40% de las personas tenemos recuerdos falsos de la infancia.

Construimos nuestra vida en base a todas esas experiencias que conforman nuestros recuerdos y llamamos memoria, que almacenada como bloques de lego, nuestra mente “reconstruye” y con fe ciega le creemos, como si se tratara de una grabadora que reproduce de manera inequívoca y exacta.

La mayoría de los recuerdos de nuestra primera infancia son en realidad los relatos escuchados de nuestros padres una y otra vez, aunque nos convencimos que son parte de nuestra memoria personal. Existen también esas anécdotas familiares en que solemos discutir quien fue en realidad el protagonista, pues más de uno la recuerda como propia.

Nos sorprendemos a veces de información que a través de los años persiste en nuestra memoria, como el número de teléfono de una antigua casa, pero respecto a los eventos nuestra mente nos engaña las más de las veces, pues resultan de la manera en que los percibimos, desde una emocionalidad y en un momento concreto de nuestra vida. Esto explica las diferentes maneras en que un mismo evento es recordado por cada una de las personas que lo comparten.

Cuando discutimos podemos creer que siempre decimos la verdad y que recordamos todo exactamente como pasó y, sin embargo, nuestra memoria no está exenta de algunos adornos, que en realidad no ocurrieron, y de un margen de error que puede cambiar más de lo que imaginamos.

Esta distorsión es más intensa cuanto mayor carga emocional tengan los acontecimientos.

Enric Corbera

Estar tan convencidos de algo nos imposibilita a aceptar que lo que defendemos como real es una versión construida por nuestra propia mente.

Somos adictos a tener razón. Somos cautivos de nuestras opiniones, y no percibimos el consumo de energía y tiempo que esto nos supone.

Nuestras ideas acaban por convertirse en una posición, una propiedad que defendemos a capa y espada, y cuando alguien nos rebate nos sentimos atacados personalmente, porque confundimos lo que pensamos con lo que somos, y eso es a lo que se llama identidad construida o ego.

Así mismo muchos estudios han demostrado la facilidad con que es posible sembrar falsos recuerdos en la mente de una persona, tergiversando historias, por repetición o simplemente planteando preguntas sugestivas.

La memoria es vulnerable y maleable.

Las preguntas o las inferencias que psicólogos o policías llegan a hacer al momento de cuestionar al entrevistado, pueden tener gran influencia en la historia que cuenta. Una sugestión o sugerencia puede llenar el hueco que faltaba para completar una narración y con ello modificarla hasta fabricar una experiencia que en realidad nunca sucedió. Esto ha sido la causa de que gente inocente haya sido declarada culpable, lo que creó un debate acerca de la fiabilidad del uso de testimonio durante procesos judiciales.

Construir falsos recuerdos es en realidad un mecanismo que la propia mente utiliza a la hora de rellenar agujeros que quedan en nuestros recuerdos reales.

Un método usado en interrogatorios a mediados del siglo XX, capaz de crear recuerdos falsos, es el llamado suero de la verdad que tiene un efecto hipnótico y vuelve a las personas más susceptibles a ser sugestionadas. Misma sustancia que se usa en las inyecciones letales para los condenados a muerte.

Ayudar a desenterrar memorias guardadas por algún evento traumático o utilizar imágenes guías para ayudar a recordar, requiere responsabilidad y destreza pues también puede llevar a la persona a imaginar una historia y no a recrear lo que en realidad sucedió.

La memoria, al elegir lo que conserva y lo que desecha, no sabe de casualidades.

Osvaldo Soriano, escritor.

Pensamos que el olvido es algo pasivo, pero “olvidar intencionalmente es recordar de manera diferente”. Dicen que debemos «recordar, tan solo un poco, para olvidar».

Si aceptamos la posibilidad de que nuestros recuerdos no sean del todo ciertos, abrimos la posibilidad a reinterpretarlos.

Pero el fenómeno de los recuerdos falsos no solo es individual sino que existen los recuerdos falsos compartidos, y se denomina efecto visual Mandela. Se llama así después de que muchas personas pensaran que Nelson Mandela había muerto en la cárcel.

¿Estás totalmente seguro que Wally llevaba paraguas?

¿Que Micky Mouse lleva tirantes? 

¿Que el chocolate Kit Kat lleva un guion entre ambas palabras, contrario a la popular bebida Coca-Cola, que si lo lleva?

¿Que el personaje del juego de mesa Monopoly lleva un monóculo frente a uno de sus ojos?

Tú también eres víctima del efecto Mandela.

Las personas tienden a quedar desconcertadas cuando se dan cuenta de que comparten los mismos recuerdos falsos con otras personas. Y.. por si te lo estabas preguntando, en ‘Casablanca’ nadie dice «Tócala otra vez, Sam«.

Querer tener razón es la verdadera enfermedad crónica de la humanidad.

La mentira más común es aquella con la que las personas se engañan a sí mismas.

Friedrich Nietzsche

Tere Hergom.

Se requiere de un solo instante para reinterpretar toda una vida

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Linkedin Tere Hernández Gómez

Citas de los siguientes links:

  • goethe.de/ins/es/es/kul/mag/21931772
  • elpais.com/elpais/2019/06/09/laboratorio_de_felicidad
  • nytimes.com/es/2019/03/26/espanol/memoria-olvidar-psicología.
  • Revista Muy interesante, febrero 2019. elpais.com/sociedad/2009/07/08/actualidad
  • enriccorberainstitute.com/blog/recordamos-o-inventamos

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