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CUENTOS CORTOS

LA SOMBRA

El inconsciente lucha por mostrarse, pero es reprimido continuamente por el ego.

Foto de Vasily Kleymenov : https://www.pexels.com/es-es/foto/escaleras-blanco-y-negro-mujer-sombra-11733619/

Y de improviso se sentó a mi mesa. Así, frente a frente

– Por fin das la cara -le dije.

¿Alguna vez has sentido una presencia que te aqueja?, ¿qué te sigue?

Hace meses presentí que alguien me observaba y me sentía inquieta. Sí, esa es la palabra. Una mañana estaba en la cafetería del parque, a la que íbamos los jueves, tomando un café y leyendo la novela que me regalaste de cumpleaños, ¿te acuerdas?… al salir volteé hacia la mesa de manera inconsciente, como lo haces cuando te sientes observada. Era esa sensación que no paraba.

Otras más tuve la certeza de que alguien me acosaba, agazapándose en cada esquina. Creía escuchar pasos, oír murmullos y hasta algún eco hueco. Al caminar por la calle giraba una y otra vez, pero tan solo me parecía ver una silueta que escapaba, una sombra. Me volví algo paranoica. Llegué al extremo de sentirle a mi lado al mirarme al espejo, aunque nadie más estuviera en la habitación.

Tú lo notaste, ¿recuerdas? Aquella vez que fuimos al cine y te molestó que mirara constantemente hacia atrás. Por eso cuando se sentó delante de mí, me quedé helada.

– Ahora estamos frente a frente y sé quién eres -le dije sin resquemor alguno a mi sombra que estaba ahí frente a mi- ¿De qué se trata?, ¿Por qué me sigues? -cuestioné.

– Eres tú quien me busca -contestó- no negarás que me echas en falta.

– Eras tan informal -le dije-, que me fue imposible avanzar contigo a mi lado...


– Lo sé -respondió con mirada divertida, libre y espontánea-, ¿Recuerdas aquellos días casi sin estrés?… ¡la oveja negra de la familia!

Y mientras la escuchaba, pude percibir el olor de las palabras impregnadas de juventud. Sentí un vuelco en el corazón. Nostalgia ¿lo entiendes, verdad?

– Sé que has logrado mucho apartándome de ti, lo reconozco -aclaró sincera- pero mírate, estás cansada. Yo soy la pasión, el coraje y la espontaneidad; pero tú impusiste el carácter y la “voluntad”, y en las sombras convivo con tu arrogancia y el control que intentas imponer. ¡Quieres sujetar tantos hilos! De cuando en cuando te permites jugar y entonces todo fluye, nos integramos, pero en esta larga racha de sobre esfuerzo estas agotándonos a ambas, debes aceptar que no eres perfecta, nadie lo es -esta vez disfrazó su mirada juguetona de regaño obligado- tú y yo somos una y no existimos sin la otra. No soy yo quien te acosa sino tú quien me busca desesperada, sin aceptarlo -terminó risueña.

¿Puedes entender lo que me pasa?, te lo cuento hoy para que entiendas por qué me has notado diferente y te he causado inquietud. Necesito recuperar esa otra parte que también es mía.

Sí, no llegué a tiempo. Quise bailar un rato, cantar, salir de casa retrasada pero plena, libre. Me he dado cuenta que, en mi competencia por alcanzar esos logros que tanto anhelo, controlo por miedo a perder el rumbo, que me fatigo y a veces enervo.

Hoy quiero integrar todo aquello que no había permitido fluir y también soy. Un paso seguro, el primero, para liberar e integrar por fin mis luces y mis sombras.

Tere Hernández Gómez (Tere Hergom). Febrero, 2013

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