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CRECIMIENTO EN CONCIENCIA

ENTENDER LA ORACIÓN

Orar con intención desde la certeza y el agradecimiento.

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El tiempo es una experiencia personal pues es una percepción que varía en cada uno y en cada momento, al ser su apreciación tan cambiante cómo lo es el mundo y nuestra vivencia en él, resulta ilusorio, es de decir, no es siempre una misma realidad para todos.

Para algunos el tiempo es apenas unos segundos que no alcanzan para todo lo que quieren lograr y ya han imaginado; para otros es demasiado largo, y se ahogan frente a unas manecillas que lentamente prolongan su espera. Cada uno decide avanzar en el tiempo o quedarse estancado en el pasado.

Decimos que antes el tiempo era más lento y que ahora corre demasiado deprisa. Había tiempo para leer “tabiques” de letras que contaban larguísimas historias, pero los “tiempos modernos” dieron paso a la brevedad que parece que nos lo arrebata. Nos sentimos sin tiempo para nada, o nos “damos tiempo” para no mirar todo aquello que incomoda, y lo vemos pasar porque creemos que “siempre habrá tiempo”.

Cuando no vivimos con pasión, sentido o dirección, el tiempo nos pasa por encima, nos consume y marchita. En medio de esta sensación de ser arrastrados o rebasados por los acontecimientos, nuestra posibilidad de “detener el tiempo” para observarnos en un silencio interno, resulta imposible para muchos. Y, sin embargo escuchar la voz interna que no engaña y da claridad a todo lo que podemos estar creando sin propósito ni objetivo claro, es la mejor inversión que podemos hacer. Vivir con intención, cuando nos tomamos tiempo para expresar lo que deseamos es una forma de orar. 

Cuando las decisiones tienen propósito, a través de nosotros atraemos posibilidades que las impulsan, y si unimos nuestras mentes a muchas otras con un objetivo común, suceden cosas maravillosas.

Desde la sabiduría de civilizaciones antiguas y los caminos espirituales que muchos compartimos, se reconoce que el tiempo, la intención y el futuro están íntimamente relacionados de modos que estamos empezando a comprender.

Llamaremos oraciones a esas intenciones personales o masivas que producen milagros, y que son una manera de impactar en el mundo de forma clara y positiva. Pues la unión del pensamiento, el sentimiento y la emoción, representa nuestra oportunidad de hablar el lenguaje del cambio, en nuestro mundo y nuestro cuerpo. Pero no como palabras que sólo se “repiten con los labios, y que como una colmena muerta no da más miel”. *

Un gran pensamiento no basta si no tiene el impulso de la emoción, pues su poder reside en la fuerza de los sentimientos que sus palabras evocan en nuestro interior, para “ver lo invisible, escuchar lo inaudible y expresar lo inefable”

Existen milagros a diario en nuestras vidas que no percibimos. Pero a nivel masivo desde principios de los 80, fueron documentados los efectos que se alcanzan con una oración intencionada. Mediante experimentos controlados en zonas urbanas con un alto índice de criminalidad, se pudo medir el descenso de la misma ante la presencia de continuas vigilias de paz, realizadas por personas para este fin. 

El viernes 13 de noviembre de 1990 se practicó una oración masiva en todo el mundo, como una opción para la paz. Concretamente ese día era la fecha límite, impuesta a Irak, para cumplir con las exigencias de las Naciones Unidas respecto a las inspecciones de armamento. Tras meses de negociaciones sin éxito para acceder a los lugares clave, las naciones de Occidente habían dejado claro, que el incumplimiento por parte de Irak daría como resultado una campaña de bombardeo masivo, diseñado para destruir las zonas donde se sospechaba que guardaban armamento. Semejante campaña habría producido, sin duda alguna, una gran pérdida de vidas humanas, tanto de civiles como de militares.

Una comunidad global de varios cientos de miles de personas, conectadas mediante la World Wide Web, optó por la paz en una oración masiva cuidadosamente sincronizada, en momentos precisos de esa tarde. 

Durante el tiempo de oración tuvo lugar un acontecimiento que muchos consideran un milagro. A 30 minutos del ataque aéreo el presidente de Estados Unidos, tras recibir una carta de los oficiales iraquíes, diciendo que iban a cooperar con las solicitadas inspecciones de armamento, dio la insólita orden al ejército estadounidense de deponer las armas – el término militar para suspender una misión. 

Con una voz unificada nuestra familia global eligió concentrar su atención en la paz, en lugar de lograr la paz mediante una actuación militar. 

Aunque los aproximadamente 30 países que participaban en la oración esa noche, representaban sólo una pequeña fracción de nuestro mundo, los efectos fueron muy poderosos. Las probabilidades de que este hecho sucediera fortuitamente en el mismo marco de tiempo en el que se estaba llevando a cabo la oración mundial, son mínimas. Aunque para los más escépticos fue vista como “casualidad”, pero las pruebas sencillamente afirman que la elección de muchas personas, concentradas de una forma específica, tiene un efecto directo y constatable sobre nuestra calidad de vida, como producto de la fuerza interior de una elección colectiva o de un grupo.*

Una oración que emana de la conciencia ante unos acontecimientos que impiden la paz, permite una certeza interior de la paz ya lograda que se vive desde el agradecimiento.

Por supuesto esto implica fe para creer en nuestro poder para crear, entregado a Dios o consciencia superior -como cada quien la llame-, que la manifiesta. Porque cuando falta la fe, la verdad no puede llegar. Reconocer que el problema, cualquiera que sea está en nuestra mente, es entender que es ahí donde debe ser corregida en primer lugar, para permitirnos ver la otra posibilidad. La solución siempre está junto al problema. Si lo que falta es fe, hay que pedirla. Pedir fe es orar. La fe exhorta a todos a compartir un propósito y a emplear los medios para ver la verdad.

Una vez que logramos entender nuestra conciencia para manifestar, el siguiente peldaño es alcanzar la consciencia para canalizar, que implica que aquello que deseamos ver se manifieste a través de nosotros.

Para cambiar las condiciones del mundo exterior se nos invita primero a que transmutemos desde dentro. Cuando lo hacemos, las nuevas condiciones de salud o de paz, se proyectan en el mundo que nos rodea. Pero para aportar paz, primero hemos de convertirnos en esa paz, y entonces el sentimiento de esa vivencia se convierte en el lenguaje de creación silencioso.*

Y si esta intención es capaz de reunirnos en una sola mente, para logra afirmar la vida en una voluntad colectiva, nos reorientamos como humanidad. 

Tere hernández.

Terapueta https://aainwithyou.wordpress.com

Estudiante de Un Curso de Milagros 

Maestra Adjunta Na-sa Curarte tu https://curartetu.org

Bibliografía

*El efecto Isaías. Gregg Braden

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