
Dejar ir no es lo mismo que escapar.
Vivimos escapando de lo que sentimos, tratando de no verlo. Jugamos a las escondidillas, pero tarde que temprano nos encuentra.
Decir que todo es energía es para algunos incomprensible, pero seguro muchos habrán experimentado que hay gente que les contagia su energía y la eleva y otros que por el contrario la bajan. Estamos hablando de vibración, porque todo es vibración, hasta los pensamientos que nos ocupan, las emociones que disparan y los sentimientos que se crean.
El problema es que cuando suprimimos lo que sentimos también invalidamos sentimientos positivos. Es como el medicamento que no puede reconocer las células enfermas de las sanas.
De la misma manera al experimentar emociones de baja frecuencia se afectan todas las partes de nuestro cuerpo. ¿Estaríamos de acuerdo en que cada una de las emociones, cada uno de los alimentos, lugares y encuentros con otros, forman parte de la historia de nuestro cuerpo? Pues eso mismo sucede con el planeta y con todos los espacios diseñados para ser habitados en crecimiento.
Tu planeta, por ejemplo, es un cuerpo que recibe las frecuencias vibratorias de las emociones y de las acciones que realizan todos tus hermanos. El enojo, la tristeza, la felicidad se depositan en la sangre de tu planeta que no es otra cosa que el agua, el oxígeno, los árboles y las piedras, la tierra misma… (1)
El poder contra la fuerza de Hawkins, que calibra el nivel energético de las emociones en escalas logarítmicas del 20 al 1000, nos habla del nivel más alto, el de completa iluminación (1000 kz.) representa el nivel más elevado en el humano, y es la energía de Jesús, Buda y Krishna. El nivel intermedio es el coraje (200 hz.) y es el punto crítico que marca el cambio de la energía negativa a la positiva. Tiene que ver con la integridad y la capacidad de hacer frente a las cosas. Hacia abajo se encuentran las más bajas: orgullo, ira, miedo, apatía, culpa, vergüenza.
La culpa es una de las emociones que más se viven a nivel individual y colectivo, es la gran aliada del miedo, porque donde hay miedo hay culpa, y se mantiene nuestra historia personal vigente.
Es casi el nivel mas bajo de vibración, y nos ofrece una gran recompensa: Conseguimos ser inocentes y podemos disfrutar de la autocompasión, ser víctimas y destinatarios de simpatías. Aunque al mismo tiempo es un autosabotaje que nos hace pequeños y reaparece una y otra vez como castigo en accidentes, mala fortuna, transtornos físicos…
Hay quien siente la culpa de haber permitido, y que su vida no haya podido pasar página. Hay quien la sostiene por lo infringido a otro(s), por la falta de amor que desvaloriza a uno y a otros, porque el pasado se hace presente, impidiendo vivir en amor y aceptación.
En un mundo donde todo es dualidad, y por ende hay buenos y malos, nos identificamos con cada protagonista traicionado, agredido, perseguido, difamado. Porque salta nuestro niño herido, en pensamientos, emociones y actos, que nos hacen proyectarlo en otros: en las personas, los lugares, las instituciones, las condiciones climáticas, los acontecimientos astrológicos, las condiciones sociales, el destino, Dios, la suerte, el diablo, los extranjeros…
Y no es que no existan situaciones que nos llevan al límite, pero esos son los momentos de definición personal para decidir como lo viviremos, si nos arrastrará o nos transformamos y elevamos nuestra conciencia con emociones de más alta frecuencia.
Culpar es la mayor excusa del mundo. Porque nos permite eximirnos de nuestra responsabilidad ante nuestra propia vida y ante el mundo entero, con ella evadimos compartir los dones que tenemos al No ser lo que se es con la mayor plenitud posible. (2)
Y es que si disolvemos la culpa tendríamos que ver inocencia, “bueno si las otras personas o las circunstancias no tienen la culpa de lo que decido hacer con mi vida, entonces debo ser yo”
Y así como funciona a nivel individual, funciona también a nivel planetario.
El mundo es una percepción, Para una persona que tiene miedo es un lugar aterrador, Para la persona enfadada es un caos de frustración y aflicción, Para la que tiene culpa, es un lugar de tentación y pecado. Lo que tenemos adentro colorea nuestro mundo.
La tierra se sobrecalienta con nuestra ira, se seca con nuestra apatía, tiembla con nuestros miedos, expresa en sus sobresaltos nuestras incertidumbres y separación, se llena de basura como nuestros bancos de basura internos, creemos que nos amenaza y ataca, pero en realidad entre todos decidimos “el latido de la tierra”.
Liberarnos de la culpa desencadena una renovación de la energía vital.
“Todo se puede tomar de un hombre, menos una cosa: la última de las libertades humanas consiste en elegir la propia actitud ante cualquier conjunto de circunstancias, elegir el propio camino”. (3)
Tere Hernández
Terapueta https://aainwithyou.wordpress.com
Estudiante de Un Curso de Milagros
Maestra Adjunta Na-sa Curarte tu https://curartetu.org
Bibliografía:
Dejar ir. El camino a la liberación. D. Hawkins
(1) Escucha a tu corazón. Dr. Ramón esteban Jiménez.
(2) MME
(3) Viktor Frankl