
Somos testigos de lo que acontece a nuestro alrededor y fuera de nuestro ámbito.
En un mundo conectado al instante, a través de la tecnología, un casi estar presentes y en vivo en sucesos que ocurren al otro lado del mundo, con certeza o no de qué tan real es, lo perciben nuestros sentidos y le damos rienda suelta a las emociones. Porque resulta muy difícil cuestionar aquello que vemos “delante de nuestros ojos” y no solo eso, sino evitar dar una lectura a partir de nuestra subjetividad mental y emocional conectada a la historia de cada uno.
Pasamos horas, muchas, frente a las pantallas. Es la cultura con la que crecimos, sin herramientas para leer, cuestionar y discernir, pues si bien escogemos lo que veremos, no alcanzamos a captar de manera consciente como nos influye el contenido violento o negativo que está presente en gran porcentaje de la oferta televisiva en cualquier género o categoría.
La televisión desde hace años se convirtió en el centro de nuestros hogares y hoy internet nos es más necesario que el pan Bimbo. El uso de la tecnología tiene sin duda enormes beneficios, así como determinados riesgos derivados de una utilización inadecuada.
Nos ofrecen información, ideas, conocimiento, conocer realidades distintas a las que cada uno vive, y la posibilidad de enlazarnos para comunicarnos. Pero también hay riesgos, desde una actitud pasiva, sobre todo entre los niños, para discriminar entre la “realidad” y la ficción, reconocer la información inexacta o falsa y los disparadores emocionales que no captamos de manera consciente. Además del sacrificio que hacemos de otras posibilidades como la interacción cara a cara, las actividades como el deporte, sin dejar de lado las amenazas a nuestra salud por muchos factores como la exposición a radiación, incremento de violencia, afectación del sueño.
Desde ahí hemos construido un ser en el mundo, adoptando ideas, posturas, en muchos de los casos de una manera más inconsciente que presente y en consciencia. El poder a veces se reduce a un mando a distancia. Hace tiempo se hablaba de que la información es poder, hoy diría que puede ser lo contrario si no se analiza, se cuestiona la fuente, en una búsqueda de la verdad que lleve al discernimiento y conocimiento. El conocimiento, fundamentado, es poder.
Hablar hoy de estar conectados es una referencia al mundo digital.
¿Qué pasa con nuestra conexión interior? ¿Qué pasa con nuestra manera de relacionarnos?
Restablecer una conexión interior y espiritual es preciso para estar en el momento presente, reconociendo aquello que no cambia frente a los pensamientos y emociones que fluctúan como un péndulo, que nos arrastran continuamente, afectando nuestra salud y nuestro vivir en “el mundo”, para relacionarnos de una manera respetuosa, pacífica y amorosa.
En el día a día todos nos hemos sentido vistos en momentos en que quizá hubiéramos querido pasar inadvertidos, en que hubiéramos querido que aquello que hicimos o dijimos no quedara en la memoria de otro; o contrariamente, haber sentido que no había alguien ahí para presenciar ese instante que nos significaba tanto, como si su sola presencia le diera vida o realidad; nuestras decisiones nos revelan, dibujan como estamos siendo, atestigua y detona nuestras dependencias. Pero en realidad nuestra percepción no alcanza a detectar objetivamente la mirada de otro, y aun menos poder descifrarla porque es más un anhelo.
«Tu vida no pasará desapercibida porque yo me fijaré en ella, tu vida no pasará inadvertida, porque yo me convertiré en tu testigo». Sall we dance (2004)
Necesitar ser confirmados por otro en aquello que aspiramos ser o tener, evita la consciencia personal del momento presente, para experimentarnos desde dentro, en un reconocimiento del impulso vital y la certeza de la decisión en el instante, y no en una búsqueda que ansía el futuro, una mirada o una expresión que nos avale. Así como diría Maquiavelo Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos.
Si alguna vez te has preguntado ¿por qué las personas tienen diferentes versiones sobre un suceso? o ¿cuántas versiones existen de cada uno? La respuesta es que cada mirada es una versión de los hechos, pues observa desde sus creencias. Entender esto significa que no podemos creer como absoluto nada de lo que pensamos, y que en todo caso puede llevarnos a descubrir quienes somos más que quién es la persona que vemos.
Una mirada empática se logra al contemplar, desde un silencio interior que exige parar, lograr el desapego del pensamiento personal y subjetivo que emite juicios en el instante y genera emociones.
«Se dice que existen tres clases de testigos: los que han visto bien, pero dudan de lo que han visto; los que han visto mal, pero creen haber visto bien; y los que no han visto nada y aseguran haber visto todo» Los Enamoramientos. Javier Marías
Esto aplica tanto para cuestionarnos lo que presenciamos y creemos a través del mass media como la manera en que nos interrelacionamos unos con otros.
Tere Hernández
Terapueta https://aainwithyou.wordpress.com
Estudiante de Un Curso de Milagros
Maestra Adjunta Na-sa Curarte tu https://curartetu.org