
La combinación de pensamientos-emociones-sentimientos delinean la imagen que tenemos de nosotros y del otro, y lo llamamos personalidad.
No tiene que ver con nuestra esencia sino con las cualidades mediante las cuales nos manifestamos en el mundo.
Construimos esta “individualidad” en respuesta a las circunstancias vividas, a cambios biológicos, roles de vida o pérdidas; la modelamos, la pulimos. Pero no somos siempre el mismo “personaje” sino que caracterizamos muchos a lo largo de la vida.
Cambiamos una y otra vez, mudamos de piel, redefinimos perspectivas, percibimos esa evolución interna que mira diferente y calcula nueva ruta, a pesar de que algunos se afirmen como el popular refrán “genio y figura hasta la sepultura”.
Resulta muchísimo más fácil observar a los otros que a nosotros mismos. Si hemos estado al lado de una persona por tiempo prolongado, hemos sido testigo de sus cambios y transformación.
Damos valores a comportamientos que pretendemos mantener, y si nos descuidamos, se convierten en limitantes.
Si esto sucede nos lleva a un sobre-esfuerzo. Cuando lo hay notamos que nuestro cuerpo se agota y necesita reponerse para continuar. Es un cansancio evidente. Pero no solemos ser tan conscientes del cansancio psíquico, emocional. Aferrarse, querer controlar, temer y contraer es una lucha interna que resulta en un alto grado de estrés.
De manera contradictoria queremos que los que forman parte de nuestras relaciones especiales respondan a nuestras necesidades sin cambio alguno, y sin aceptar que nada es igual. Entonces decimos: ya no eres el mismo, y efectivamente nadie lo es y con los cambios también las relaciones mutan.
La medida y el grado y en que aceptamos los cambios, es directamente proporcional a la medida y el grado en que nos aceptamos a nosotros y a los demás, y nos permitimos redescubrirnos.
La esperanza es saber que no estamos confinados en el día de la marmota. Podemos decidir quién queremos ser, como nuevo es cada día e irrepetible el paisaje.
Eso lo sabe bien un pintor que no terminó su obra en un día y al otro encontrará cambios que transformarán también su obra.
Conozco un pintor que pinta bajo el mar, y cuando inicia una pintura debe terminarla o trazarla al menos por completo, porque difícilmente encontrará la misma posición y de hacerlo tampoco la vista será exactamente la misma:
«No sólo es impresión, sino también expresión.
Si bien es verdad que la naturaleza cambia cada segundo, como afirmaban los artistas del impresionismo, también lo es que el estado de ánimo de los seres humanos varía así mismo en función de los distintos ambientes o lugares donde está, se vive y se respira»(1)
En una ocasión le preguntaron al Maestro Zen Shunryu Suzuki ¿Cómo se puede definir en una frase el budismo? A lo que él contestó con tres palabras:
Fácil, todo cambia.
Porque como afirmó Heráclito de Éfeso: Nadie se baña en el río dos veces, porque todo cambia, en el río y en el que se baña.
«Hay dos palabras hebreas muy parecidas y sin embargo con significados diferentes:
Shalom y Shalem.
Shalom significa Paz.
Shalem: significa Íntegro, Completo.
No es en vano que en todas las lenguas una palabra evoque a otra. No hay manera de estar en PAZ si estamos con un corazón o una mente dividida…tironeándo hacia dos polos. Así, como dice Osho…si estás dividido en los miles de yoes que fuiste y cargas, que conforman lo que llamamos ego, y que en realidad es la interacción de cientos de egos, no puedes estar centrado en el poder del YO.» (2)
Tere Hernández
Terapueta https://aainwithyou.wordpress.com
Estudiante de Un Curso de Milagros
Maestra Adjunta Na-sa Curarte tu https://curartetu.org
Bibliografía:
(1) Alfonso cruz. alfonsocruzpintor.blogspot.com
(2) El blog de tahita