
¡Qué no hubiera dado Él por arrancarle un suspiro a Ella!
Le ofreció suavizar su camino
con pétalos de amapolas,
para llenar sus noches de sueños,
y su caminar de aromas.
Prometió despejarle las nubes,
regalarle un hermoso paisaje,
y en las noches cargadas de luna,
susurrarle con un viento suave.
Le propuso rodear su casa
de caracolas y mar,
para que con su canto auspicioso,
la abundancia pudiera atracar.
Le regaló todos sus sueños,
sus ansias y sus anhelos,
pero ella permanecía callada,
con esos respiros serenos.
Le ofrendó cada día de su vida,
para ser ese amante perfecto,
que es capaz de regalar a una sola,
las caricias que enervan el cuerpo.
Recibió a cambio de tanto,
tan solo una mirada vacía
y cuando por fin se marchaba,
triste vio, que el suspiro surgía.
Tere Hernández. (Tere Hergom)